sábado, 11 de abril de 2015

Miguel Cástulo Alatriste, prócer liberal de la Guerra de Reforma (1820-1862)


*Reseña leída en la ceremonia cívica organizada por el H. Ayuntamiento de Izúcar el 11 de abril de 2015 y en la cual se contó con la presencia del Lic. Baraquiel Alatriste, descendiente del general.

Nació el 26 de marzo de 1820 en la ciudad de Puebla, hijo de Joaquín Alatriste y de Francisca Castro; desde niño aprendió de su padre el oficio de sastre, lográndolo dominar en poco tiempo pero lo dejó porque su vocación era otra. Entre 1837 y 1840 realiza estudios de jurisprudencia en el Colegio del Estado, para posteriormente trasladarse a la ciudad de México estudiando en la Universidad Nacional; se recibe como abogado el 9 de marzo de 1844. Dos años más tarde le confieren la cátedra de Derecho Canónico en el Colegio de San Juan de Letrán de la capital de la república; también en ese mismo año contrae matrimonio con Josefa Conrada Cuesta; una de las hijas del matrimonio Alatriste Cuesta, Carmen, sería la madre de los Hermanos Serdán, precursores del movimiento revolucionario de 1910. En 1846 ocupó el cargo de capitán de la 5ta. Compañía del Batallón Hidalgo, con el cual tuvo participación al año siguiente en la lucha contra los invasores norteamericanos. Trabajó como abogado en el Tribunal Superior del Estado y en 1849 inició su carrera política al ser electo síndico del ayuntamiento poblano, para 1853 fue electo alcalde segundo pero en ese mismo año es desterrado de Puebla por ser opositor al presidente Santa Ana. Destacado miembro del partido Liberal don Miguel fue electo gobernador de Puebla el 15 de junio de 1857, tocándole un periodo de mucha inestabilidad por el enfrentamiento entre liberales y conservadores; hizo campaña en el norte del estado de Puebla y también en Veracruz y Tlaxcala; tras el triunfo liberal en la batalla de Calpulalpan, Alatriste regreso a la ciudad de Puebla en enero de 1861, donde retomó su encargo de gobernador, fue ascendido a general y el 3 de septiembre del mismo año renuncia debido a que el Congreso lo acusa de abandonar la capital poblana, al ir en persecución de una facción de conservadores. Poco tiempo duró inactivo el general Alatriste pues la ciudad de Puebla fue declarada en estado de sitio para enero de 1862 por la presencia de las tropas extranjeras en el puerto de Veracruz y a él se le nombra 2do. Comandante Militar del estado. Aunque pareciera difícil de creer, pues el país era preso de una invasión extranjera, se le ordena a Alatriste trasladarse a Izúcar de Matamoros para repeler un ataque de tropas conservadoras provenientes del estado de Guerrero y al mando del General Cobos. El 10 de abril de 1862, Alatriste y sus 500 hombres se hicieron fuertes en el cerro del Calvario, pero después de cerca de 6 horas de  arduo combate sucumben ante la superioridad de los 3000 soldados de Cobos. Don Miguel es herido y cae prisionero, sabiendo que su destino estaba ya escrito pide que se le permita escribir el parte de guerra de la batalla donde resalta la valentía de su tropa. A las 9:30 de la mañana del día siguiente es conducido a una capilla abandonada, en una de las esquinas del atrio de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán. Llegando el momento fatal de su fusilamiento exclamó con voz firme “Muero pidiendo por el bien de mi patria y de mi familia” y luego dirigiéndose a los soldados del pelotón les ordeno enérgicamente “¡Disparen con valor, que muero por mi patria! Fue declarado Benemérito del Estado el 28 de octubre del mismo año y sus restos descansan en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de la ciudad de Puebla.

Miguel Cástulo de Alatriste deja como legado su ejemplo como un hombre leal y servicial a los intereses de su país, sus profundas convicciones reflejadas en su actuar, sin duda representan valores cada día más escasos en nuestra realidad, nuestro reconocimiento a su aporte a México, a 153 años de su sacrificio.


Imagen de los años treintas del siglo pasado donde se marca en el círculo rojo la capilla posa donde fue fusilado el Gral. Alatriste; nótese como era el mercado así como la torre con el reloj, el cual actualmente se ubica en la parroquia de Santo Domingo.

Imagen actual donde se marca en el círculo rojo el lugar que ocupaba la capilla donde fue fusilado Alatriste y en donde hoy existe una placa conmemorativa; compárese con la anterior y como ha cambiado el entorno, ya con el mercado "de picos".

viernes, 10 de abril de 2015

Emiliano Zapata Salazar, símbolo de la lucha agraria en México (1877-1919)


*Reseña leída en la ceremonia luctuosa organizada por el H. Ayuntamiento de Izúcar el 10 de abril de 2015 y después de la cual se colocaron ofrendas florales en los dos monumentos que del caudillo existen en nuestra ciudad.


Nació el 8 de agosto de 1877 en el poblado de Anenecuilco, estado de Morelos; hijo de Gabriel Zapata y de Cleofas Salazar, desde muy niño estuvo familiarizado con las labores del campo. Un pleito debido a su fuerte carácter lo llevó a tener que huir de su pueblo natal en 1897, para lo cual obtuvo trabajo en la hacienda de Jaltepec, Chietla. Tras regresar a Anenecuilco comenzó a involucrarse en la defensa de la tierra de su comunidad por lo cual sufrió la famosa leva, incorporándose al 9no. Regimiento de Caballería en Cuernavaca; gracias a la influencia de Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Porfirio Díaz, fue liberado del servicio y trabajó como su caballerango en las cuadrillas de dicho personaje por casi un año. En septiembre de 1909 es electo presidente de la junta de defensa de las tierras de su comunidad, cargo por el cual comienza a tener relación con personajes inconformes con el régimen porfirista. Su primera incursión política la realiza al apoyar al candidato oposicionista al gobierno de Morelos, Patricio Leyva, no obstante el triunfo del cacique Pablo Escandón, trajo represalias contra Anenecuilco y sus tierras. Con el levantamiento encabezado por Madero y su Plan de San Luis, Zapata y otros líderes morelenses acuerdan enviar a Pablo Torres a entablar negociaciones con el coahuilense. Para 1911 Zapata con los demás líderes se lanzan a la lucha armada teniendo como bandera la cuestión agraria; a Zapata le toca incursionar en el sur de Puebla, para luego unirse con otros grupos en varios lugares de la entidad morelense. El 16 de abril de 1911 los revolucionarios con Zapata a la cabeza toman Izúcar, pero esta ocupación no duraría mucho. Sus desavenencias con Madero hicieron que Zapata promulgara el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911, en donde se sintetiza buena parte de su ideología y la de sus aliados. El gobierno maderista lo combatió, mandando a militares de carrera para batirlo, pero sin éxito. Mandó sus representantes a la Convención de Aguascalientes y al  producirse la división entre Carranza y Villa, optó por seguir con este último, con quien entró a la ciudad de México en noviembre de 1914. Sus tropas se denominaban Ejército Libertador del Sur. En ese mismo año la Convención de Aguascalientes hizo suyos los postulados del Plan de Ayala, el cual también fue aceptado por el Ejército del Norte, pero las relaciones con Venustiano Carranza quedaron rotas. Después de la toma de la capital de la República por los constitucionalistas, Carranza encargó combatir a Zapata al general Pablo González, y el 2 de mayo de 1916 dicho general ocupaba Cuernavaca, que vuelve a manos de las fuerzas zapatistas para ser tomada definitivamente el 8 de diciembre. Los zapatistas representaron un obstáculo tan fuerte para el gobierno carrancista que recurrieron a un audaz plan para deshacerse del caudillo morelense; dicho plan fue urdido por el referido general González y el licenciado Luis Patiño, siendo el ejecutor del mismo el coronel Jesús Guajardo. Guajardo le hizo creer a Zapata que desconocía a Carranza, citándolo en la hacienda de Chinameca, municipio de Ayala, Morelos, donde lo emboscó y asesinó el 10 de abril de 1919. A 96 años de su cobarde asesinato el legado del llamado Caudillo del Sur sigue presente en muchos pueblos y sobre todo en el sector campesino, el cual como en esos años continua dando la batalla para subsistir en medio de la modernidad que no le da al campo y a sus trabajadores el lugar que les corresponde y por el que Zapata siempre luchó.

martes, 31 de marzo de 2015

Exconvento de Santo Domingo de Guzmán, icónico edificio de la Heroica Izúcar de Matamoros

*Reseña leída durante la bendición de los trabajos de restauración el 30 de marzo de 2015 y contando con la presencia de Mons. Víctor Sánchez Espinosa, Arzobispo de Puebla.

Mucha de la historia y de sus protagonistas en nuestra ciudad  han pasado por los macizos y gruesos muros del exconvento de Santo Domingo, edificio con poco más de 400 años de antigüedad y que para nuestra alegría sigue tan “vivo” como cuando los frailes dominicos con el trabajo de los nativos de la entonces Itzocan lo edificaron. No fue una casualidad que los hijos de Santo Domingo seleccionaran Izúcar para construir su convento, la ciudad, porque el mismo Hernán Cortes así la describe, era un importante centro comercial y bastión del poderoso imperio azteca. Los documentos de la orden dominica enlistan de manera oficial al convento para 1541 siendo su primer vicario o encargado Fray Luis Rengifo, aunque se sabe que el primer religioso que estuvo en estas tierras fue Fray Francisco de Mayorga. Para 1550 se concede un repartimiento de indígenas para construir el edificio que actualmente vemos pero sin duda ya había una construcción previa, de la cual contamos con restos arqueológicos conservados bajo algunos cristales a manera de ventanas en ciertos puntos del actual convento. Reporta el cronista dominico Hernando de Ojea que quien dirigió la obra constructiva fue un religioso también Fray Juan de la Cruz, a él también le atribuye la dirección de los conventos de Tetela del Volcán y Coyoacán. De Izúcar el influjo dominico se extendió por toda la región, testimonios de esto son los restos de antiguos conventos que todavía podemos observar en Tepapayeca (Tlapanalá), Tilapa, y Ahuatelco (Cohuecan). Para mediados del siglo XVII ya pasada la época propia de evangelización, el convento izucarense quedó insertó en la provincia poblana de San Miguel y los Santos Ángeles, de esta época data la sorprendente galería pictórica con personajes de la orden de Predicadores que enseñorea el claustro. Para 1755 los frailes deben dejar el convento y la parroquia, que entonces era denominada de naturales, en manos del clero de la diócesis angelopolitana, el primer párroco secular fue don Andrés Pérez de Velazco. Al ya no haber una comunidad viviendo el edificio resultó grande para las necesidades de un párroco y su familia y por ende los usos se diversificaron. Ya para el siglo XX, el convento fue utilizado como cuartel militar y en dos épocas como escuela, a cargo de religiosas franciscanas y josefinas; también se sabe que por algunos años las religiosas compartieron el inmueble con los militares. El incendio del templo en diciembre de 1939 representó un momento triste para los izucarenses, los daños fueron cuantiosos pero nulos en la antigua parte conventual; en la reconstrucción del decorado de la otrora iglesia dominicana se destaca el liderazgo del cura don Arturo Márquez Aguilar, de feliz memoria para Izúcar. Desde hace varios años el uso primordial del edificio ha sido servir como sede del trabajo de evangelización de los grupos parroquiales, siendo de uno de ellos la Adoración Nocturna del que surge la primera iniciativa formal para rescatar la riqueza arquitectónica y artística del convento. En 2010 se realizó una primera etapa de restauración y entre el año pasado y éste se ejecutaron dos más, con las cuales mediante un trabajo profesional y supervisado en todo momento por el INAH se ha devuelto mucho del esplendor que debió haber tenido la casa dominica de Izúcar; podemos seguir comentando más de la historia y arte plasmado en sus pisos, muros y techos pero es mejor verlos en vivo. Hoy debemos sentirnos orgullosos por estos trabajos pero sobre todo comprometidos a cuidarlos, este bello lugar fue levantado para gloria de Dios y hoy su uso primordial debe seguir siendo ese, pero sin olvidar que como un patrimonio de los izucarenses y de los mexicanos también es importante que se conozca, pues de esta manera seguirá siendo un medio de evangelización tal como lo pensaron aquellos pioneros frailes dominicos.


lunes, 23 de febrero de 2015

Reseña histórica por el CCIII Aniversario de la defensa de Izúcar, 1812-2015

Reseña leída en la ceremonia cívica organizada por el H. Ayuntamiento de Izúcar de Matamoros el 23 de febrero de 2015.

La lucha por la independencia de nuestro país vivió dos momentos importantes en nuestra ciudad, uno fue la épica jornada del 17 de diciembre de 1811 la cual ya hemos recordado hace escasos dos meses, la otra tuvo lugar en esta fecha 23 de febrero pero de 1812. Pero hagamos memoria, nos trasladamos a la época en que la campaña del generalísimo Morelos seguía rindiendo frutos en el sur de la entonces Nueva España. El entonces virrey Venegas había formulado un plan para reducir el poderío insurgente, el cual implicaba atacar tanto Cuautla como Izúcar, siendo el encargado de realizar el ataque a la segunda el brigadier Ciriaco de Llano. De Llano llegó a la hacienda de Teruel con alrededor de 2000 hombres, en los que se incluían soldados incorporados en la villa de Atlixco, así como los famosos batallones expedicionarios Asturias y Lobera.
          
           La mañana del 23 de febrero el brigadier de Llano y sus huestes se presentaron en Izúcar, ocupando el cerro del Calvario, colocándose aquí la artillería que abrió fuego sobre ésta; por la tarde se formaron dos columnas con los batallones expedicionarios, las cuales bajo el mando de José Antonio Andrade, atacaron la villa por distintos puntos, pero sin tener éxito para tomar la plaza. Para continuar con el relato de este hecho bélico citamos lo mencionado en documentos del ramo Operaciones de Guerra del Archivo General de la Nación:

Al amanecer del 24, dispuso Llano un nuevo ataque, al mando del mismo Andrade. Las dos columnas de españoles del día anterior bajaron ahora reunidas y reforzadas  […]. El resto de la artillería se colocó en un punto que flanqueaba el pueblo, a tiro de metralla, para sostener el movimiento, en tanto que la reserva formada por la caballería y el resto de la infantería, se colocaba en las dos entradas del pueblo. En esta disposición se verificó el nuevo ataque en que fueron otra vez rechazados, aunque lograron incendiar dos barrios de los suburbios (el de Santiago y el del Calvario). Retirándose los realistas a sus antiguas posiciones y desde allí continuaron durante el resto de la tarde, y la totalidad de la noche, hostilizando a los insurgentes con la artillería […] No se atrevió Llano a dar un tercer ataque. A las 5 de la tarde del 25 de febrero, los realistas tenían ya 7 muertos, 20 heridos y 4 contusos.

Los 150 patriotas insurgentes comandados en esta ocasión por el padre José María Sánchez de la Vega y el capitán Vicente Guerrero y apoyados en todo momento por el pueblo izucarense, fueron demasiado para el impetuoso ejército de de Llano, quien optó por olvidarse de tomar Izúcar, sobre todo por la solicitud de apoyo del mismísimo Félix Calleja, quien para esos momentos asediaba Cuautla; el día 26 de febrero muy temprano los realistas simularon un ataque al pueblo con una parte de sus tropas, lo cual le permitió al resto de su maltrecha división seguir su camino para reforzar el sitio sobre Cuautla. Y así fue como de nuevo  nuestra heroica ciudad volvió a contribuir a la causa de la libertad, sobre todo con el decidido apoyo de su gente, hoy recordamos no solo a los grandes héroes de la independencia sino a aquellos héroes anónimos que ofrecieron su vida en esa épica jornada de febrero de 1812.

lunes, 2 de febrero de 2015

MARIANO MATAMOROS Y GURIDI (1770-1814)



Nació en la ciudad de México el 14 de agosto de 1770, siendo sus padres José Mariano Matamoros y Mariana Guridi. Realizó estudios en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco y se recibió como bachiller en Artes y Teología. Fue ordenado sacerdote en 1796. Ejerció como vicario en algunas parroquias hasta ser nombrado cura de la parroquia de Jantetelco (actual estado de Morelos) en 1807. De este lugar salió el 16 de diciembre de 1811 para ponerse a las órdenes de Morelos en Izúcar, donde al día siguiente tendría su primera participación en batalla, la cual fue victoriosa para las huestes insurgentes que con apoyo del pueblo izucarense derrotaron a los realistas al mando de Miguel Soto y Maceda. Participó en varios hechos de armas como el sitio de Cuautla, el cual rompió para ir por víveres en abril de 1812. Entre junio y octubre de 1812 formó en Izúcar una división, la cual adiestró, disciplinó, uniformó y le dio hasta una bandera y la cual para muchos historiadores se considera el primer ejército mexicano. Con esta milicia tuvo momentos brillantes para la causa de la Independencia como la derrota al Batallón Asturias en San Agustín del Palmar (cerca de Quecholac, Puebla) y la victoria sobre las tropas del criollo guatemalteco Dambrini en Tonalá, Chiapas. Fue nombrado segundo al mando después del Generalísimo Morelos, quien lo mandó llamar para atacar Valladolid, en diciembre de 1813, reuniéndose con él y otros jefes insurgentes en Cutzamala, México; pasaron después a Huetamo, Tacámbaro y Tiripitío en Michoacán. En Llano Grande, Matamoros fue encargado de conseguir el carbón suficiente para pintar las caras y  manos de las tropas que atacarían Valladolid (hoy Morelia). El 23 de diciembre de 1813, iniciaron el combate, pero fueron derrotados por los realistas al mando de Ciriaco de Llano y Agustín de Iturbide. Estos mismos jefes lo atacarían de nuevo en  Puruarán el 5 de enero  de 1814, cayendo  prisionero; se le condujo preso a Pátzcuaro, el 12 de enero. Tres días después llegó a Valladolid, en donde se le instruyó causa. No obstante la oferta de Morelos de ofrecer 200 prisioneros por su vida, don Mariano Matamoros fue fusilado el 3 de febrero de 1814, en el Portal Ecce Homo de la capital michoacana.

miércoles, 21 de enero de 2015

Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas de Izúcar Matamoros, 60 aniversario Entrevista con Ernesto Pérez Serrano


Este 15 de enero el Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas  de nuestra ciudad cumplió 60 años de haber sido inaugurado, en aquella fecha estuvo presente el propio general Cárdenas así como el entonces gobernador de Puebla, Rafael Ávila Camacho, quien rindió su informe de gobierno. Sin duda esta ha sido una institución que ha aportado mucho a la sociedad izucarense por lo cual en este magno festejo compartimos la entrevista que le hicimos al Profesor Ernesto Pérez Serrano, quien fuera cerca de 24 años director de la escuela. La entrevista consta de cinco partes, en la primera el profesor nos habla de sus inicios y como es que estudió, en la segunda de su trabajo dentro de la estructura sindical del magisterio, en la tercera y cuarta de sus experiencias como director del centro escolar y en la quinta nos envía un mensaje de su sentir por el 60 aniversario.
El profesor Ernesto es originario de Santa Ana Coatepec, municipio de Huaquechula, estudió la normal en la ciudad de Puebla y aun antes de terminarla tuvo la oportunidad de dar clases en primaria. Al llegar a Izúcar al Centro Escolar se desempeñó como maestro de grupo en quinto y sexto año de primaria; en este lapso tuvo como alumnos a personajes como Raúl Ramírez,  Juan Manuel Vega Rayet o Andrés Palma Montaño quienes llegaron a ser presidentes municipales de Izúcar. También tuvo una prolífica participación en el sindicato de maestros lo cual le permitió conocer a muchas personas. Ya como director, una de las cosas que más le enorgullece es que durante su gestión se estableció la primera biblioteca en una institución educativa en el estado de Puebla, la cual todavía sigue dando servicio a nuestra ciudad. Le tocó la organización de los festejos por el 40 aniversario y también recuerda vívidamente los muchos bailes que se organizaron en la escuela con los cuales se pudieron implementar mejoras materiales al edificio escolar. En su gestión le tocó albergar una escuela normal en el centro escolar así como al Colegio de Bachilleres y a la Universidad Tecnologica de Izúcar de Matamoros y también nos platicó acerca de la colaboración que tuvo con las autoridades municipales participando como heraldo en diferentes eventos.

Le agradecemos al profesor Ernesto el compartir su tiempo y felicitamos al Centro Escolar Lázaro Cárdenas por este 60 aniversario. 
La entrevista consta de 4 partes que se pueden ver en los siguientes links:

lunes, 5 de enero de 2015

Parroquia de Santa María de la Asunción, Izúcar: una breve semblanza histórica


*Publicado en Cofradía de Identidades, Números 16-17, Año V, julio-agosto 2014/sep-oct 2014, Consejo de la Crónica del Estado de Puebla.


El origen de este templo parroquial se remonta al momento en que los destinos de la entonces diócesis de Puebla de los Ángeles, eran dirigidos por el obispo y beato  Juan de Palafox y Mendoza; fue entre 1640 y 1649, cuando este prelado ocupó la dignidad episcopal angelopolitana, tiempo en el cual pudo visitar gran parte de las parroquias que formaban la diócesis, que en ese momento tenía un territorio vasto, incluyendo nuestro Izúcar que visitó en 1644.
Un aspecto relevante de la gestión de Palafox fue el proceso de “secularización” de las parroquias; en pocas palabras este proceso consistió en quitar a los religiosos de las órdenes franciscana, dominica y agustina, la administración parroquial que tenían hasta entonces. En el caso de Izúcar, la parroquia estaba a cargo de los padres dominicos quienes habían llegado a la región por lo menos desde 1533 para evangelizarla.
Como era de esperarse los religiosos opusieron resistencia a la disposición palafoxiana, la cual tenía fundamento en decretos reales, generándose un fuerte conflicto; ante este panorama Palafox se dio a la tarea de fundar nuevas parroquias en pueblos donde existían frailes con funciones de curas, como sucedió en Izúcar con la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. El Archivo Parroquial de Izúcar (APIM) resguarda un documento que da fe de la erección de esta nueva parroquia en 1641; allí se asienta el nombre de los curas nombrados por el Racionero de la catedral poblana Juan de Merlo, a nombre del obispo Palafox, se trata de los bachilleres Diego Bautista Rodríguez y Juan Hurtado de Quiroz[1].
Si uno observa en algunos lugares de Puebla como Tepeaca, Cholula o Huejotzingo, notarán que existen en la plaza dos iglesias, una de las cuales se encuentra asociada a un antiguo convento. Pues bien esto se debe al proceso de secularización ya comentado; en el caso de Izúcar, en la plaza mayor o zócalo, en su costado oriente se ubica el templo parroquial de Asunción, sin embargo la parroquia de origen dominico no está en la plaza sino unas calles al sur, pero responde al mismo patrón; un caso similar al de Izúcar es Tecamachalco donde el templo conventual de origen franciscano tampoco se ubica frente a la plaza principal.
El cronista izucarense, Manuel Sánchez informa que antes de edificarse la parroquia de españoles, estos ocupaban como parroquia el templo de Santiago Apóstol, Santiaguito, el cual correspondía al barrio de Santiago Mihuacán[2] . Con la disposición palafoxiana Izúcar tuvo a partir de 1641 dos parroquias que en documentos posteriores se diferenciaron como el curato de españoles (Asunción) y el de naturales (Santo Domingo); por si hubiera alguna duda de esto tanto en documentos del archivo parroquial como en censos levantados en la diócesis aparece tal distinción.
El diario del obispo Palafox informa que cuando hizo la visita pastoral a Izúcar en julio de 1644, el cura era el licenciado Jacinto Calderón, quien estaba asistido por los licenciados Nicolás de Nava y Diego López de Nava. Ya para la época de la guerra de Independencia este templo fue testigo de la primera celebración por el inicio de la lucha independentista en Izúcar, la cual consistió en dos misas solemnes los días 16 y el 17 de septiembre de 1812, las cuales fueron promovidas por don Mariano Matamoros, quien participó en la celebración al lado de su estado mayor[3].
Fue hasta 1904 durante el episcopado de don Ramón Ibarra y González, cuando las dos parroquias izucarenses se unieron en una sola, quedando con el título de Santa María de la Asunción[4]; en 1907 el mismo prelado vino a bendecir las obras de restauración del templo[5]. El 13 de agosto de 1926 se entregó el enrejado y el trabajo de cantera en pisos y escalinatas, lo cual fue patrocinado por las colonias libanesa y española[6]; testimonio de ello son las placas ovales de mármol que todavía se pueden ver en la barda atrial, las cuales tienen el nombre de los donantes. Con la llegada a Izúcar del cura Arturo Márquez Aguilar, el templo parroquial sufrió una importante remodelación en su interior, esto fue en 1945, la cual le dio la fisonomía que hoy tiene.
Por las características arquitectónicas del inmueble, este puede asignarse al siglo XVII; el edificio tiene una planta de cruz latina, a la cual se le agregaron capillas laterales (dos en cada lado). Su fachada consta de dos cuerpos, teniendo ambos pilastras dobles flanqueando un paño central; en el caso del primer cuerpo este tiene un arco de medio punto que da entrada al recinto y en cuanto al segundo el elemento central es la ventana coral en forma de óculo, bajo la cual hay un nicho vacío; tanto los paños centrales como los intercolumnios y las enjutas del arco de entrada presentan decoración trabajada en argamasa. El reloj que se ubica encima de la ventana coral data de 1864. El interior en la actualidad es más bien neoclásico, producto de las remodelaciones que ha sufrido tanto desde el siglo XIX como en la segunda mitad del XX.
Por un inventario del siglo XVIII[7] podemos tener una idea de la fisonomía que tuvo el templo antes de la llegada de la moda neoclásica; en dicho documento se menciona la existencia de retablos de madera estofada, de los cuales el del Altar Mayor constaba de dos cuerpos y remate, teniendo las esculturas de la Asunción, San Felipe Neri, San Cayetano, Santo Tomás, San Carlos, San Pedro y San Pablo así como tres pinturas en el segundo cuerpo; este retablo debe haber sido una obra destacada y se menciona fue hecho de limosna por el Licenciado Félix Pérez Delgado con una ayuda del entonces párroco Tomás de la Higuera y siendo su costo total de 1100 pesos; el referido licenciado Pérez fue un clérigo,  dueño del ingenio de San Nicolás Tolentino en la segunda mitad del siglo XVII. El templo además tenía retablos dedicados a Jesús Nazareno, la Inmaculada Concepción, otro de la Asunción, San José, Altar de Ánimas y el de la Soledad que se encontraba en una capilla.
En la actualidad considerando las características de las imágenes todavía con culto, podemos suponer como parte de lo mencionado en el inventario la imagen de la Asunción que se encuentra recostada en una urna, en el brazo izquierdo al presbiterio (en el inventario se menciona una imagen de la Asunción en su sepulcro y con bidriera) y la escultura que hoy día se venera como el Divino Preso, ubicada en un nicho, entrado al templo a la izquierda (este nicho era originalmente la entrada al bautisterio que hoy día es un salón de actividades parroquiales), la cual seguramente era la que se enlista como de bulto en el altar de Jesús Nazareno donde también había un lienzo.



[1] APIM, Libro de Bautizos.
[2] Sánchez Cruz, Izúcar en su historia, Edición del Autor, 2004.
[3] Archivo CARSO-CONDUMEX, Fondo XLI-1.
[4] Sánchez Cruz, Izúcar en su historia, Edición del Autor, 2004.
[5] Ibídem.
[6] Ibídem. p. 106
[7] APIM, Caja 111, Exp. de Fábrica.





martes, 16 de diciembre de 2014

HEROICA IZÚCAR DE MATAMOROS, EN SU 189 ANIVERSARIO DE ELEVACIÓN A CIUDAD

*Semblanza leída el 29 de octubre de 2014 durante la ceremonia cívica efectuada en el Parque Pavón.

Fue un 29 de octubre pero del año de 1825 cuando el Honorable Congreso del Estado de Puebla, en su decreto con número 155 le otorga al pueblo de Izúcar el título de ciudad pero al mismo tiempo le agrega el apellido Matamoros para honrar la memoria de tan insigne insurgente, quien vivió momentos trascendentales para la Historia precisamente en esta soleada tierra.
Pero las raíces de Izúcar se hunden en la profundidad del tiempo, toda vez que los primeros pobladores de la región datan del periodo que los arqueólogos llaman Preclásico, es decir hace aproximadamente unos 2500 años, cuando la entonces aldea de Las Bocas, destacaba por su trabajo en la cerámica y por la presencia de rasgos de la cultura olmeca. Aún no es claro aún si grupos de filiación chichimeca fundan el asentamiento prehispánico de Izúcar y por ende sería aventurado  y hasta irresponsable dar una fecha exacta de fundación; no obstante lo que si sabemos con certeza es que para la época de los aztecas ya existía y que fue conquistada por éstos más o menos a mediados del siglo XV; su glifo toponímico aparece en códices como la Historia Tolteca-Chichimeca y la Matrícula de Tributos.
Los ecos de una nueva conquista llegarían a  Itzocan, el nombre nahua de Izúcar, en diciembre de 1520 cuando las tropas españolas, ayudadas por milicias tlaxcaltecas toman la ciudad. Y decimos la ciudad porque así se refiere a Itzocan Hernán Cortés, en sus cartas de relación, donde además destaca dos cosas: su gran cantidad de templos y su sistema de canales y acequias, que aún es visible en medio de la modernidad. Para 1533 comienza la otra conquista, la espiritual, la cual sería encabezada por la orden dominica, quienes edificarían su monumental convento de Santo Domingo, cuyo templo sería concluido hasta 1612. Otros testimonios del patrimonio religioso de la época virreinal son la iglesia de Santiago Apóstol, cuya monumental escultura entreteje su origen en la leyenda, la parroquia de Santa María de la Asunción, construcción barroca destinada a los españoles de Izúcar y erigida por órdenes del entonces obispo poblano y ahora beato Juan de Palafox y por supuesto el templo del antiguo hospital juanino de Nuestra Señora de los Dolores, cuya fachada barroca de mediados del siglo XVIII contrasta con su austero interior.
Un elemento que definitivamente modificó la vida de la fértil región izucarense, conocida en los inicios de la Colonia como Coatlalpan,  fue la introducción del cultivo de la caña de azúcar y la industria que entorno a ella sigue existiendo y siendo parte fundamental de la economía; los antiguos cascos de haciendas como  San Juan Raboso, San Juan Colon o San Nicolás Tolentino, son testimonios elocuentes de este proceso.
Para la época de la independencia Izúcar tuvo una participación destacada, pues fue testigo de la presencia de José María Morelos y incorporación del cura Mariano Matamoros  a la lucha, siendo su primera batalla la del 17 diciembre de 1811; otro memorable hecho de armas fue el del 23 de febrero de 1812, donde los izucarenses comandados por Vicente Guerrero y el padre José María Sánchez volvieron a triunfar para la causa libertadora. Pero sin duda el hecho significativo de esta época fue la formación del que para algunos historiadores fue el primer ejército mexicano en 1812, bajo el liderazgo del cura Matamoros.
Para mediados del siglo XIX, Izúcar fue participe de la lucha entre liberales y conservadores, en donde una figura destacada fue la del general Miguel Cástulo de Alatriste, quien fuera fusilado por los conservadores en nuestra ciudad el 11 de abril de 1862; cabe mencionar que los nietos de este destacado abogado y militar, los hermanos Serdán serían los iniciadores del movimiento revolucionario de 1910. En 1890, el ferrocarril llega a tierras izucarenses produciendo cambios importantes para la economía y las comunicaciones.
Con la llegada del siglo XX, Izúcar tuvo en sus calles la presencia del caudillo Emiliano Zapata, quien tomó la ciudad en 1911; en 1933 la comunidad izucarense recibió la inédita visita de la heroína revolucionaria Carmen Serdán en el histórico templo de Santo Domingo de Guzmán. Por un día, el 15 de enero de 1955, nuestra ciudad fue capital del estado pues el Congreso sesionó aquí para oír el informe de gobierno del entonces gobernador Gral. Rafael Ávila Camacho, esto en el contexto de la inauguración del Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas. Pasarían casi 60 años para que otra legislatura del congreso poblano le aportara un mérito más, al declararla heroica por su papel en la lucha por la Independencia, específicamente por la batalla de 17 de diciembre de 1811; dicha declaratoria sucedió el 13 de diciembre de 2012.

Lo antes mencionado es solo una parte de la rica historia y los hechos que han configurado nuestra cabecera municipal, por lo cual en este aniversario nos debe motivar a asumir un papel responsable y reflexivo para contribuir a lograr una ciudad más equitativa y con un futuro promisorio. Felicidades Izúcar, Felices 189 años como ciudad y felicidades a las y los izucarenses.

Ofrenda floral colocada por las autoridades municipales en el monumento a Mariano Matamoros.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Del mito a la realidad de la Historia: El Archivo Municipal de Izúcar de Matamoros, Puebla

*Ponencia presentada en la V Convención Internacional de Archivistas (COINDEAR)-IV Foro Nacional de Legislación Archivística, ciudad de Puebla, noviembre de 2014.

PREÁMBULO
Rescatar la memoria y la historia de su comunidad es una de las tareas primordiales de los cronistas, los medios para llevar esto a cabo pueden ser varios, siendo uno de ellos la búsqueda de documentos antiguos ya sea en el seno de las instituciones públicas o de particulares. En el caso de las instituciones públicas los repositorios por excelencia de esos documentos son los archivos, que en el caso de varias comunidades son básicamente dos: los de gobierno civil (archivos municipales o de las presidencias auxiliares) y por supuesto los religiosos (archivos parroquiales).
Desde el momento en que tuvimos el privilegio y la responsabilidad del nombramiento de cronista municipal de Izúcar de Matamoros, asumimos como una tarea fundamental la revisión del Archivo Municipal, el cual desde años anteriores siendo un investigador cualquiera, estuvimos tratando de poder conocer su contenido, pero aún con solicitudes formales nunca permitieron que entráramos. Y es por ello que nos atrevemos a utilizar la palabra “mito”, para referirnos a éste pues pocos habían tenido la fortuna de haberlo visto en los últimos años.
Físicamente el repositorio izucarense se ubica en dos espacios, la parte que se podría considerar más reciente, en un salón del Auditorio Municipal y el resto en dos salones en la parte alta del expalacio municipal de Izúcar; por obvias razones, cuando se nos autorizó entrar al archivo, se seleccionó la segunda área pues se consideraba y se sabía por transmisión oral que la documentación más antigua se encontraba aquí. No podemos omitir mencionar que cuando se solicitó el permiso, siendo en este caso únicamente fue verbal, la petición causó asombro pues nuestros propios compañeros del ayuntamiento  pensaban ¿Qué va a encontrar? ¿Son sólo papeles viejos? Y se abrió la puerta y se recibió el golpe de la impresión pues el desorden era desmesurado; en la entrega-recepción de la administración municipal pasada a la actual, el archivo se entregó como una entidad única, como una “cosa” inseparable y monolítica.
Lo primero que se realizó fue una inspección ocular de todo el material expuesto, encontrando una sección de archivo como de interés, la cual estaba en cajas de cartón, especiales de archivo tipo AG12 y además contaba con anotaciones que empezaban en 1904. Se pidieron materiales de limpieza y se comenzó la tarea de abrir estas cajas; se notó que los documentos estaban en folders y con cierto orden; en algunos casos había legajos amarrados. Se hizo una limpieza básica de los documentos con bledo y en todo momento se utilizaron guantes y cubrebocas para manejar los papeles. Hasta el momento de escribir este texto se han revisado 20 de estas cajas.
Las expectativas eran amplias, sobre todo tomando en cuenta el inventario realizado en 1983 por personal del Archivo General de la Nación, el Gobierno del Estado de Puebla, el INAH y otras dependencias, en donde se enlistaban 17 cajas comprendidas entre 1838 y 1974, así como 4 expedientes de los años 1774 a 1818; se buscó correlacionar este inventario con lo existente pero no hubo concordancia, es más había cajas marcadas como del siglo XIX pero que dentro tenían documentación del XX; aún falta mucho por revisar y se esperan resultados más esperanzadores posteriormente.
A la par de esta revisión se iniciaron las gestiones para tener el apoyo de ADABI de México, tomando en cuenta la experiencia de esta asociación y que ellos realizaron el inventario del Archivo Parroquial de Izúcar de Matamoros; la solicitud la hizo el presidente municipal y meses después se recibió la contestación así como una visita de personal de ADABI, para conocer in situ el caso del archivo izucarense; ADABI hizo una propuesta económica pero lamentablemente el municipio no tenía la capacidad financiera para solventarla. Con este escenario, pues sabíamos que debíamos continuar en solitario pero con mucho entusiasmo para desentrañar páginas no conocidas de la historia de nuestra heroica ciudad.

LA INFORMACIÓN PRESENTE EN EL ARCHIVO
Fundamentalmente la información que se ha podido encontrar corresponde a lo emitido por la presidencia municipal y por el otro la de la Jefatura Política de Izúcar, siendo lo más abundante esto último, en un lapso comprendido en las dos primeras décadas del siglo XX. Conviene hacer notar que las jefaturas políticas fueron instancias de gobierno intermedias entre los gobernadores y los presidentes municipales, las cuales aunque se originan desde principios del siglo XIX a través de la Constitución de Cádiz en España, tuvieron un importante y vital papel en el sostenimiento del régimen dictatorial porfirista; si bien los jefes políticos traspasaron el inicio del movimiento revolucionario, su muerte definitiva se dio con la Constitución de 1917 aunque ya en 1914 Venustiano Carranza había decretado su desaparición (Mecham, 1984).
Otra parte importante del repositorio corresponde a documentación del Registro Civil, la cual se encuentra amarrada en papel manila y hay una serie de materiales variados que incluyen libros de diferentes temas, algunos ya dañados por la humedad; cuestiones relacionadas con compras, recibos de años pasados, hojas membretadas de anteriores administraciones, invitaciones, entre otras cosas se encuentran diseminadas en anaqueles metálicos. Además, hay toda una parte del salón con carpetas divididas por dependencias municipales, pertenecientes a dos periodos de gobierno entre 2002 y 2008, los cuales a simple vista no aparentan un desorden.
Conviene exponer sobre la información localizada en el acervo perteneciente a la Jefatura Política, en donde se ha localizado  que el documento más antiguo, es una lista de entradas de personas al hospital municipal de San Juan de Dios, de 1884. Este hospital fue fundado por los padres juaninos en el siglo XVIII y a mediados del XIX pasó a ser administrado por la autoridad municipal; como un dato curioso, se encuentra en la oficina del presidente municipal, un libro del siglo XVIII, correspondiente precisamente a este hospital, pero de la época de la administración de los frailes juaninos y el cual se resguarda en una urna de madera.
La información se encuentra mayormente en legajos cocidos y tiene una clasificación general en dos categorías: departamento y sección; no obstante también hay expedientes sueltos. En cuanto a la categoría de departamento se han localizado los siguientes: Fomento, Instrucción Pública y Estadística; Gobernación y Seguridad Pública; Justicia, Beneficencia e Higiene; y Hacienda. Otro conjunto de documentos son los concernientes a los casos llevados por los juzgados.
Se encontró un legajo cuyo temática es las actividades de los zapatistas en la demarcación de la jefatura política izucarense entre 1911 y 1912, de cuya información ya se ha presentado un trabajo durante un encuentro de cronistas hace unos meses[1]; precisamente entre estos documentos se ha hallado uno en donde se hace mención de la toma de Izúcar por Emiliano Zapata y sus tropas, el cual está signado por el jefe político Bruno Guerrero Reyes; la toma de la ciudad tuvo lugar en abril de 1911 y se destaca que los miembros del ayuntamiento le piden al caudillo suriano no quedarse con todo el dinero de la tesorería puesto había de pagarse a los maestros que venían de fuera, a lo cual Zapata accede.
En la Secretaría General del Ayuntamiento las actas de cabildo con que se cuentan datan de la década de los 70´s del siglo pasado a la actualidad,  por lo cual resultó sumamente interesante localizar 3 de éstas, las cuales eran copias turnadas a la Jefatura Política y son de la primera década del XX; también se han localizado inventarios de entrega recepción y solicitudes de licencias de los jefes políticos, presidentes municipales y regidores; es evidente que el movimiento revolucionario trastocó la vida política de Izúcar, toda vez que las renuncias y licencias fueron constantes. Además, se han podido agregar nuevos nombres de personas que ocuparon la presidencia municipal y que no aparecían en el listado oficial tanto de la galería de la Sala de Cabildos de Casa Colorada (sede del gobierno municipal de Izúcar) como el elaborado por el fallecido cronista Manuel Sánchez Cruz (Sánchez, 2004:166-169).
En el tema educativo también se ha localizado información de sumo interés para la historia de la ciudad y la región; hemos conocido de la existencia de las escuelas del municipio así como de municipios vecinos, las cuales rendían informes de asistencia y de calificaciones al jefe político. En Izúcar se reportan una escuela católica denominada San Luis Gonzaga, la cual era solo para niños, así como tres escuelas públicas; en el centro: la Central Matamoros para niñas y la Central Pavón para niños, y en el barrio de Santiago Mihuacán una escuela para niños denominada Zaragoza.
Las fiestas patrias y su organización también han sido un tópico hallado en los legajos revisados hasta el momento; se puede destacar un bando patrio de las fiestas de 1913 así como la invitación respectiva; como un hecho llamativo de la manera en que se desarrollaban estas festividades es que gran parte de los actos tenían lugar en el Teatro Matamoros (por ejemplo la ceremonia del Grito de Independencia) y quienes convocaban eran en el orden siguiente: el Jefe Político, la Corporación Municipal o Ayuntamiento y el Jefe de las Armas; este teatro ya no existe en Izúcar, en su lugar se encuentra el Auditorio Municipal y aún hay algunas fotografías de los eventos en dicho recinto.
Se ha localizado un documento donde consta la existencia de un club antireeleccionista en Izúcar, el cual llevaba el nombre del general Miguel Cástulo de Alatriste, héroe poblano de la guerra entre liberales y conservadores y quien fuera fusilado en la ciudad izucarense en abril de 1862; este personaje fue el abuelo materno de los hermanos Serdán y el documento en cuestión es una queja acerca del desarrollo inequitativo de las elecciones, esto en el mes de noviembre de 1911. El tema de las elecciones también es tratado en varias fojas donde se muestra listas de los votantes por secciones tanto del centro como de los barrios izucarenses.
Pero no quisiéramos finalizar este breve repaso sin comentar que no únicamente hay información de Izúcar, sino la hay también de municipios vecinos como Tlapanalá, Tepeojuma, Tilapa, Tepexco, Huehuetlán y Teopantlán, los cuales formaban parte de la jurisdicción de la jefatura política izucarense. Como hallazgo sui generis podemos mencionar una fotografía de una persona del sexo masculino, la cual hace parte de un expediente judicial por asesinato sucedido en el municipio de Tepexco y la cual se difundió para identificar a este individuo.

PALABRAS FINALES
El trabajo en el archivo municipal izucarense es un proceso que continúa y va para largo, se han disminuido las sesiones de trabajo por seguridad ya que la ventilación en el espacio es mínima, esto siguiendo los consejos dados por el personal de ADABI de México, quienes también han sugerido retirar del espacio donde se ubica la parte histórica del repositorio. En las líneas antes expuestas únicamente hemos hecho un recuento general del trabajo y algunas primicias de los datos recuperados, la cual aún debe ser procesada para tener información inédita de la historia de nuestro municipio y región; se seguirá insistiendo para ver si el proyecto de ADABI puede financiarse más adelante o en su defecto se buscarán apoyos con otras instancias.
Estamos ciertos que el trabajo reseñado aun es mínimo pero a nuestro juicio el “mito” que era este archivo ha dejado de serlo, aunque modestamente ya es una realidad, la cual nos está proporcionando información significativa de Izúcar y los izucarenses; no podemos dejar de agradecer el apoyo de nuestras autoridades municipales pero aún falta mucho por hacer y esperamos en un futuro no muy lejano mayores recursos, pues rescatar la memoria de la comunidad es algo fundamental.

BIBLIOGRAFÍA
4  Archivo Municipal de Izúcar de Matamoros.
& MECHAM, J. Lloyd. “El Jefe Político en México” en Secuencia, No. 4 enero-abril de 1986, pp.143-156.
& RODRÍGUEZ Ochoa, Patricia (coordinación) Los Archivos Municipales de Puebla, México, Gobierno del Estado de Puebla-Archivo General de la Nación, 1985.
& SÁNCHEZ Cruz, Manuel. Izúcar en su historia, Edición del Autor, 2004.



[1]Noticias sobre el zapatismo en Izúcar de Matamoros y su región”, en prensa.


Uno de los documentos que resguarda el Archivo Municipal de Izúcar.

viernes, 25 de julio de 2014

Festividad al Santo Niño de Atocha en Izúcar de Matamoros


La devoción al Santo Niño de Atocha es una de las más extendidas en todo nuestro país, probablemente en lo que concierne a una imagen de Jesús Niño es la que más ha trascendido fuera de su santuario, el cual se ubica en Plateros, municipio de Fresnillo, Zacatecas; su origen se remonta a España, al barrio madrileño de Atocha, donde la leyenda cuenta acerca de un niño vestido de peregrino,  que alimentaba  a los presos. Con la llegada de los españoles al Nuevo Mundo y el establecimiento de pueblos mineros, también llegó la devoción a Santa María de Atocha y por ende a su pequeño niño, el cual con el tiempo se convirtió en una imagen muy milagrosa, adoptando el patronazgo de los mineros, pues la zona de Fresnillo es de mucha minas.

La imagen que se venera en Izúcar y que pertenece al templo parroquial de Santo Domingo, es una talla en madera elaborada en Italia; fue traída desde allá por el señor cura don Arturo Márquez Aguilar, como un regalo a la señora Paulina Cervantes de García, en los años 60´s del siglo pasado; doña Paulina consideró que la imagen era muy bella como para tenerla en una casa por lo cual quiso quedara en templo para darle veneración. El nicho que ocupa se ubica en el retablo que la referida señora Cervantes costeara, tras el incendio del templo en 1939.


Muchas personas de Izúcar deben recordar que quien hacia la festividad al niño era la señora Lupita Cervantes de Pedroche, quien vivía en la calle Reforma desde donde salía la procesión con los niños y niñas vestidos de blanco; la fecha para celebrarlo es el último sábado de julio, la cual solo se retrasa en caso de coincidir con la festividad del Señor Santiago, de mucha importancia para los izucarenses; al niño se le considera protector de la niñez y patrón del catecismo. Por un tiempo la fiesta decayó pero desde hace varios años han sido la señorita Marta Báez Manjarrez, la Señora María Vargas Bello y el licenciado Noé López García, quienes se han dado a la tarea de mantener viva la festividad y de organizar el novenario en el cual la sagrada imagen visita los hogares izucarenses y en algunos años hasta los de comunidades cercanas.