martes, 13 de septiembre de 2016

13 de septiembre, CLXIX Aniversario de la heroica defensa del Castillo de Chapultepec


*Reseña leída el 13 de septiembre de 2016 en la ceremonia organizada por el H. Ayuntamiento de Izúcar y celebrada en el Parque Pavón.

“Y así humanizado ese precioso bosque, verlo lastimado, herido, atropellado por el invasor, me atormentaba como si viera pisoteado y ultrajado el cuerpo de mi padre”, con estas sentidas palabras el notable escritor y político liberal Guillermo Prieto, da su testimonio de lo sucedido aquel infausto 13 de septiembre.

El cerro de Chapultepec, hoy abrazado por la mancha urbana de la ciudad de México, ha sido desde la época prehispánica un lugar relevante por los hechos  que allí han tenido lugar; si se habla de un castillo en México, no hay duda que el imaginario colectivo recurre a la imagen de una estructura que ha sido casa de emperadores y presidentes, sede del Colegio Militar y hoy día el Museo Nacional de Historia. El difícil nacimiento de nuestro México como una nación tiene uno de sus capítulos más celebres el sucedido precisamente en Chapultepec, un 13 de septiembre de 1847, cuando las tropas invasoras norteamericanas se abalanzaban sobre nuestra tierra. Para más de un estudiante, la historia oficial ha sacralizado la participación de los jóvenes cadetes del Colegio Militar en este hecho bélico, el cual aunque fue una derrota para la causa nacional, se recuerda con mucha vehemencia por el arrojo y tenacidad de quienes en el participaron. La toma del castillo, cuya defensa estaba a cargo del General Nicolás Bravo, duró alrededor de dos horas, quedando registrado como el combate que causó más bajas a las tropas norteamericanas en el menor tiempo de combate. Los invasores atacaron la plaza por cuatro flancos, el castillo había sufrido una lluvia de más de 2 mil proyectiles desde el día anterior y menciona Bravo en su parte de guerra que la fuerza defensora del castillo constaba de poco más de 800 individuos, sin incluir a los cadetes y personal del colegio, contra una fuerza norteamericana de cerca de 7 mil individuos.

En esta conmemoración vitoreamos los nombres de seis héroes: Agustín Melgar, Juan de la Barrera, Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, el poblano Vicente Suarez y Juan Escutia, este último a quien la leyenda dice se arrojó al vacío envuelto en el lábaro patrio; pero cuantos más no cayeron en Chapultepec o en otras de las múltiples batallas de la intervención yanqui; varias crónicas reconocen por ejemplo a otros nombres no tan conocidos como el general Felipe Santiago  Xicoténcatl y su valerosa tropa del batallón de San Blas o bien el coronel Juan Cano y Cano o un general de apellido Pérez; la sangre de éstos y otros héroes anónimos quedó regada entre los milenarios árboles del cerro del chapulín y las paredes del vetusto castillo.


Hoy México quizá ya no sufre una invasión física pero si de otras índoles, ideológica, económica, ambiental. En nuestros días ya no se teme de las figuras como los fue en su momento el general Winfield Scott, ganador de la batalla de Chapultepec, pero aún siguen habiendo hombres extranjeros de talante negativo que con su actuar y decir denigran a nuestra patria; sólo queda reflexionar, ¿se debe recibir a este tipo de personas y dialogar con ellas?, dejamos esa pregunta al aire y con el recuerdo de la gesta de Chapultepec.

domingo, 15 de mayo de 2016

Un poco sobre la Historia y devoción de la Virgen de la Luz en Izúcar de Matamoros


La imagen conocida con este nombre tiene su origen en Palermo, Italia, donde fue pintada siguiendo las instrucciones de una famosa mujer piadosa que tuvo una serie de revelaciones, esto alrededor del año 1722; fue el sacerdote jesuita Antonio Genovesi, quien pidió a dicha mujer intercediera ante la virgen para pedir la inspiración divina. Fueron los jesuitas quienes difundieron la devoción, por lo cual se rifó la imagen entre las diferentes casas jesuitas de América, siendo la ganadora la de León, Guanajuato, en México, esto en 1732.  La llegada de la devoción a tierras izucarenses se atribuye a la familia Martínez, precisamente originaria del estado de Guanajuato, quienes al parecer trajeron la imagen a finales del siglo XIX; de acuerdo al cronista Manuel Sánchez esto sucedió en 1876 y fueron ellos quienes costearon la elaboración de la pintura.



Cabe mencionar que el templo actual en su origen fue la capilla de la Tercera Orden Franciscana; dicha tercera orden por ser para laicos no implicaba necesariamente que tuviera un convento anexo, como supuso el cronista Manuel Sánchez; si consideramos algunos elementos arquitectónicos de la fachada y el campanario se pueden considerar el edificio como de estilo barroco y del siglo XVIII. Si bien sabemos que el 9 de agosto de 1931 la capilla fue consagrada a la Virgen de la Luz por el entonces Arzobispo de Puebla, don Pedro Vera y Zuria, ya desde años antes había cambiado el patronazgo del templo, toda vez que en un inventario de 1917 ya se cita como templo de la Luz y ya se enlista la imagen de la virgen con su marco dorado; precisamente testigos del referido documento son el señor Eduardo Martínez y su hijo Vicente Martínez, cuya familia dedicó muchos años al cuidado y aseo de la capilla.



En el atrio del templo estuvo por muchos años el busto del general José María Pavón, quien fuera Prefecto de Izúcar a mediados del siglo XIX (autoridad equivalente al presidente municipal), pero al realizar obras en la capilla en tiempos del cura don Arturo Márquez, este monumento quedó enterrado; seguramente algunas personas recordaran la cochera que se abría en el lado sur de la entrada del templo, en donde guardaba su auto el padre Márquez. Hasta hace algunos años la fiesta de la virgen era sencilla, pero a partir del entusiasmo del Padre Ricardo Rodríguez, actual vicario parroquial de Santa María de la Asunción, con el apoyo de varios laicos entre quienes se puede mencionar a la señora Etelvina González de Pavón, quien se ha hecho cargo del mantenimiento del templo, la festividad se ha hecho más grande y con variadas actividades tanto profanas como religiosas.

martes, 15 de diciembre de 2015

Apertura de la Puerta Santa en la Parroquia de Santo Domingo Izúcar de Matamoros: cuando la Misericordia hizo historia en la antigua Coatlalpan.


Dentro del mundo católico la celebración de los jubileos constituyen momentos especiales de alegría y reflexión desde el ámbito de la fe; es el papa quien decreta la celebración de algún jubileo, el más reciente fue el decretado por Juan Pablo II con motivo del año 2000. En este año el papa Francisco, ha decidido celebrar un jubileo cuya tema central es la Misericordia, el cual comenzó oficialmente el pasado 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción y se clausurará el 20 de noviembre de 2016, en la festividad de Cristo Rey.

Una característica importante de estos jubileos, es la concesión de la llamada Indulgencia Plenaria, la cual se define en el Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica, como “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia”; para lograr esto es que la Iglesia abre las llamadas Puertas del Perdón en los templos más importantes, siendo la primera de ellas la de la propia Basílica de San Pedro, en el Vaticano; estas puertas fuera de Roma generalmente se abren en las catedrales y basílicas de todas las diócesis del mundo.

Arquitectónicamente hablando no todas las catedrales o basílicas tienen alguna puerta especial llamada Santa o del Perdón, por lo cual si únicamente tienen un acceso pues de manera simbólica éste se habilita como tal. Para el caso de la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, a donde pertenece Izúcar de Matamoros, la puerta central de la iglesia catedral concluida en 1664, fue concebida desde su edificación como Puerta Santa o del Perdón. Además de para los jubileos, dicha puerta únicamente se abre para ciertos momentos especiales como puede ser la llegada de un nuevo arzobispo o como se hizo en junio de 2011 cuando se recibieron las reliquias del beato Juan de Palafox, quien fuera obispo de Puebla en el siglo XVII.


Para este Jubileo de la Misericordia el santo padre ha querido extender la gracia de la puerta del Perdón, no solo a las catedrales o basílicas sino a otros templos de las diferentes arquidiócesis y diócesis del planeta, siendo la selección de éstas, decisión de los mismos arzobispos y obispos. Para la arquidiócesis poblana, el Arzobispo Víctor Sánchez Espinosa tuvo a bien elegir los siguientes templos, además de la catedral, para contar con una puerta santa, esto considerando la regionalización pastoral arquidiocesana: para la zona norte, el templo del exconvento franciscano de Zacatlán y el santuario del Sagrado Corazón de Jesús en Zacapoaxtla; para la zona oriente, la parroquia de San Andrés Ciudad Serdán; para la zona centro el Santuario del Niño Doctor (Parroquia de San Francisco) en Tepeaca; en la ciudad de Puebla también se consideró al Santuario Guadalupano, junto al Seminario y el Santuario de la Divina Misericordia, en la colonia Magisterial  y para la zona oriente el santuario de la virgen de los Remedios en la milenaria Cholula.

En cuanto a la zona sur de la Arquidiócesis de Puebla, fueron dos los templos seleccionados: la parroquia de San Agustín en Chiautla de Tapia y nuestra histórica parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en la heroica Izúcar de Matamoros; como dato a destacar ambos templos pertenecieron a un antiguo convento y podemos afirmar sin temor a equivocarnos son los más antiguos de toda la región suroeste de Puebla; sin duda la obra misional que realizaron agustinos y dominicos en estas tierras se ve reconocidas con este hecho sin precedentes en la historia del catolicismo de la región.

La tarde del pasado domingo 13 de diciembre, pudimos ser testigos del ritual solemne de la apertura de la Puerta Santa en el otrora templo dominicano; previo a éste se realizó una colorida procesión en la cual de manera extraordinaria, acudieron las imágenes patronales de los barrios y colonias que pertenecen a la parroquia de Santo Domingo; también participó el símbolo de la Cofradía del Santísimo, el famoso “Platito”, así como los grupos parroquiales, todos encabezados por el párroco, el Canónigo José Santiago Álvarez Cabrera, vestido con las insignias de su rango, el padre vicario y los jóvenes del Seminario Menor de Izúcar.





Tras llegar a la puerta del templo, la cual ya estaba cerrada desde hace varias horas, el párroco pidió que las imágenes de los barrios y colonias y sus mayordomos, hicieran un medio circulo frente al acceso; luego se hizo una breve historia del ritual por parte del padre vicario y posteriormente, el Canónigo dio tres golpes con un martillo a la puerta, para que abriera; tras lo anterior, se pidió un momento de reflexión para pedir perdón a todos los presentes, quienes se arrodillaron mientras los sacerdotes se postraron ya dentro del templo.









Acto seguido se dio paso a todos los asistentes, pasando primeramente el equipo litúrgico, los seminaristas, las imágenes patronales y luego el resto de la feligresía, quienes al cruzar la puerta se hincaban, y más de uno quiso pasar de rodillas el área de la puerta. Como cierre de este acontecimiento se llevó a cabo la Misa, con lo cual finalizaba este momento histórico para Izúcar de Matamoros, pues si bien se trata de un ritual católico, considerando que la mayoría de la población profesa esta religión, sin duda constituye un hecho extraordinario y nunca antes visto. Nos atrevemos a decir que la última vez que la puerta de Santo Domingo se abrió con tanta emotividad, debió haber sido ese lejano año de 1612 cuando por primera vez se abrió la iglesia al culto y estaban todavía presentes los frailes dominicos.





viernes, 30 de octubre de 2015

HEROICA IZÚCAR DE MATAMOROS, PUEBLA, EN SU 190 ANIVERSARIO COMO CIUDAD Y CON EL APELLIDO DE MARIANO MATAMOROS


* Reseña leída en la ceremonia cívica realizada por el Ayuntamiento de Izúcar en el Parque Pavón el 29 de octubre de 2015.

Son varios los elementos que definen una ciudad: el tamaño de la población, los servicios, la importancia política, religiosa y por supuesto económica, entre otros; en el caso de nuestro país y particularmente de nuestro estado las categorías para las poblaciones se amparan en las leyes orgánicas municipales vigentes. Este día sin duda es sumamente relevante para nuestra ciudad, porque llega a 190 años contando con esa categoría, fue un 29 de octubre de 1825 cuando por un decreto del Congreso del Estado de Puebla, pasa de ser un pueblo a una ciudad, pero al mismo tiempo se le agrega el apellido Matamoros, como una manera de homenajear la memoria del héroe insurgente Mariano Matamoros Guridi, quien vivió momentos trascendentales de la guerra independentista precisamente en nuestro Izúcar; aquí en Izúcar el cura Matamoros hizo su debut en un hecho de armas y aquí también llevó a la realidad lo que para varios historiadores consideran el primer ejército mexicano.

Pero la historia de Izúcar, no empieza en 1825, sus raíces son más profundas y se pierden en el tiempo; es probable que grupos de filiación chichimeca hayan fundado el asentamiento pero siglos antes la cultura olmeca estuvo presente en la región con la aldea de Las Bocas; como muchas poblaciones del periodo Posclásico la antigua Itzocan, también sucumbió al poder del imperio azteca. Con una floreciente actividad comercial y con una importante guarnición militar es que Itzocan es conocida por los conquistadores españoles, quienes la toman con apoyo de los tlaxcaltecas en septiembre de 1520. Cuando Hernán Cortes la describe con sus muchos templos y sus acequias, le llama ciudad, lo cual sin duda refleja la importancia del asentamiento.

Ya como Izúcar, la castellanización de Itzocan, y que no tiene relación con el azúcar, que llegaría ser un producto primordial en la economía regional, la historia de la población se enriquece con la llegada de los dominicos, quienes construyen el magnífico convento que hoy podemos ver restaurado y el cual irradia no solo una nueva fe sino nuevas prácticas culturales. Herencia de la llegada del catolicismo y que hoy siguen siendo patrimonios culturales dignos de conocer son nuestra parroquias de Santa María de la Asunción y de Santiago, el templo de San Juan de Dios y no se pueden olvidar las capillas de los 14 barrios.

Más que continuar haciendo una remembranza de momentos claves para la historia de la ciudad, quiero permitirme, en este día tan especial, recordar a personas y personajes que han hecho aportes por su ciudad, siendo o no originarios de ella; desde los más antiguos como el ultimo gobernante prehispánico Nahuicatl o el primer evangelizador dominico Francisco de Mayorga, pasando por los héroes de la independencia como el ya referido Matamoros, Morelos, Guerrero, el cura Sánchez de la Vega o la señora Ignacia Ruiz, entusiasta izucarense patrocinadora de la causa; no se puede olvidar al general Miguel Cástulo de Alatriste o al prefecto y general José María Pavón. Avanzando en el tiempo podemos hablar del mismísimo Zapata que tomó nuestra ciudad en abril de 1911, posteriormente vienen a la mente destacados educadores como Eugenio y Miguel Fuentes Escamilla, José María Herculano Sánchez, cuyo nombre lleva la segunda escuela primaria más antigua de Izúcar o la recordada maestra Josefina Esparza Soriano. No se pueden olvidar a nuestros cronistas Silvestre Fuentes y Manuel Sánchez Cruz, artistas y artesanos como la pintora Guadalupe Cruz, los alfareros Aurelio Flores y Catalina Orta, el guitarrista Clemente Perea o la cantante Oliva del Río. Pido una disculpa por no mencionar a más, pero el espacio y la memoria son cortos, esto sin contar muchos personajes anónimos que han hecho destacar a Izúcar y que sus nombres no han quedado registrados por diversas circunstancias.


En esta fecha tan importante para nuestra ciudad, solo me queda invitar a las y los izucarenses de hoy, a de verdad hacer valer la condición de ciudad, ciudadano es quien con su trabajo y esfuerzo diario contribuyen a que el lugar donde vivimos sea más equitativo y con un desarrollo respetuoso de su entorno, felices 190 años de ciudad Izúcar, corazón de la antigua Coatlalpan, cuna del Árbol de la Vida, lugar de homenaje a Mariano Matamoros y heroica por su aporte a lucha por la libertad.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

RESEÑA POR LA COLOCACIÓN DE LA PLACA CONMEMORATIVA POR LA PRIMERA CELEBRACIÓN DEL GRITO DE DOLORES EN IZÚCAR DE MATAMOROS


*Texto leído el 16 de septiembre de 2015 en la develación de la placa conmemorativa a cargo del Presidente Municipal de Izúcar y el párroco de Santa María de la Asunción Izúcar.

Fue el cura don Mariano Matamoros Guridi sin duda, un hombre adelantado a su tiempo, si bien nuestros héroes siempre serán luz y sombra, hay algunos como Matamoros que fueron mucha más luz que sombra. Había llegado al entonces pueblo de Izúcar con sus tropas desde el mes de junio, ya era septiembre del año 1812, ya habían pasado varios meses desde que se presentó al cura Morelos y se puso a sus órdenes. Ahora en Izúcar preparaba a sus tropas porque la guerra por la libertad aún se veía lejos de finalizar, pero en medio de esa tensión, tenía que haber tiempo para celebrar, si celebrar, pero no como en nuestros días lo hacemos, más bien en este caso era conmemorar, recordar un hecho que había sucedido hace apenas escasos dos años y cuyo autor, otro cura por cierto, ya había sido pasado por las armas para escarmiento de muchos. Coinciden historiadores especializados en temas de la guerra de independencia que don Mariano, donde estuviera, no olvidaba recordar el grito de libertad que había dado Miguel Hidalgo el 16 de septiembre de 1810 y ese recordatorio incluía rezar por las almas de aquellos que habían perdido la vida por la causa.



Y fue precisamente lo que sucedió en estos muros de la parroquia de Santa María de la Asunción, aquella que fundara el hoy beato obispo poblano Juan de Palafox para la atención de los “españoles” de Izúcar y sus alrededores. Como buen sacerdote Matamoros quiso recordar el llamado que hiciera Hidalgo, dándole gracias  a Dios, y cuál era la mejor manera, pues mediante una solemne misa. A esta celebración eucarística se invitó a sacerdotes de parroquias vecinas pero quien la presidió fue el entonces párroco de españoles de Izúcar, don José Mariano Moreno; debía ser así pues esto encerraba un fuerte simbolismo. Al concluir la misa don Mariano y su estado mayor quienes estaban en el presbiterio del templo, junto con la demás oficialidad insurgente se pusieron sus sombreros y levantaron las espadas, con lo cual festejarían por primera vez en Izúcar el famoso Grito de Dolores.


Mentiríamos si dijéramos estar ante la primera celebración del Grito de Independencia en todo México, aún falta revisar información y comparar fuentes, pero de que este hecho que hoy quedará plasmado en una placa, fue de los primeros no hay duda; aun ni siquiera existía México, faltarían 9 años más de contienda y Matamoros ya no lo vería, pues sería fusilado en febrero de 1814. Este día sin duda es trascendental para la heroica Izúcar, pues el recordatorio de tan venturoso acontecimiento se une a otra conmemoración relevante de nuestra historia local: el 190 aniversario de la elevación de Izúcar a ciudad y de agregársele el apellido de Mariano Matamoros, que se cumplirá el próximo 29 de octubre.


En hora buena para nuestro Izúcar, lugar lleno de historia y que el ejemplo de compromiso con la patria que dieron personajes como Matamoros, siempre sea un referente en nuestro actuar diario.

martes, 15 de septiembre de 2015

ALGUNAS NOTAS DE LAS FIESTAS PATRIAS EN LA HEROICA IZÚCAR DE MATAMOROS


Como en muchos lugares de nuestro país la celebración de las fiestas patrias en el mes de septiembre se ha convertido en algo tradicional y llamativo, no siendo nuestro municipio la excepción. Dentro de las actividades que más llaman la atención, sin duda la colocación de arcos de cucharilla en la antigua presidencia municipal tiene un lugar primordial; estos arcos son estructuras de madera y carrizo, que se decoran con papel y sobre todo con la cucharilla, una planta de la familia de las agaváceas, cuyo nombre remite a la forma que tienen los elementos de su raíz, una especie de cuchara; a estos arcos se les adicionan imágenes de los héroes de la independencia o símbolos de la mexicanidad; más recientemente se les ha colocado como base una estructura metálica y su tamaño puede llegar hasta los 6 metros.

En días previos al 15 de septiembre cada uno de los 14 barrios izucarenses elaboran el arco que engalanará el antiguo palacio municipal; cabe mencionar que la arcada de este edificio cuenta con 17 arcos, 15 de ellos en la fachada y 2 a los lados; de alguna manera representan la geografía de nuestra heroica cabecera municipal toda vez que el arco central (que corresponde al presidente municipal y es donde se ubica la campana para el grito de Independencia) equivale al río Nexapa, elemento divisor de los barrios en orientales y occidentales, y también al centro de la ciudad.  El lugar que ocupa cada barrio no es casual sino deriva del orden manejado para el uso del agua en el sistema de acequias, que aún perdura en medio de la modernidad; en cuanto a los arcos laterales del expalacio corresponden a las 2 colonias más antiguas de Izúcar: El Calvario y San Miguel; como un dato interesante se puede mencionar que ambas colonias en su pasado fueron barrios también, en lo que hoy es El Calvario estuvo el barrio de San Andrés Tianquixpan y la actual colonia San Miguel fue el barrio de San Miguel Tectepan.


La tradición de hacer estos arcos proviene de las festividades religiosas, donde en algunos templos cuando es la fiesta patronal se colocan sobre fachadas y arcadas de acceso a los atrios; el trabajo de la cucharilla es un elemento inmemorial en Izúcar, prácticamente de origen prehispánico, el cual tiene su mejor exponente en la Cofradía del Santísimo de la parroquia de Santo Domingo, la cual cada mes elabora una serie de adornos con esta planta para la llamada misa de Minerva; cabe mencionar que antes la recolección de la cucharilla se hacía en los alrededores de Izúcar pero como ya se ha acabado la planta ahora se va a traer a la zona de Tepexi y Santa Inés Ahuatempan. En los barrios izucarense hay artesanos diestros que en las ocasiones de festividad hacen del trabajo en común para elaborar los adornos y los arcos, un proceso de sociabilización e intercambio de experiencias. Aunque arcos de cucharilla se hacen en varias partes del centro de México, son primordialmente para fiestas religiosas, sin duda lo que hace especial y particular a Izúcar es que se elaboren para una festividad civil, en este caso la Independencia nacional. El trabajo en cucharilla de Izúcar junto con el barro policromado y la cera escamada fueron declarados en 1998 como Patrimonio Cultural del Estado de Puebla.

No se conoce una fecha precisa en la cual comenzaron a colocarse los arcos en la expresidencia pero considerando que por muchos años estuvo en ruinas debió haber sido después de la reconstrucción hecha cuando fungió como presidente del Consejo Municipal  el Coronel Salvador Martínez Cairo, 1948-1950. En las notas del fallecido cronista Manuel Sánchez Cruz se menciona que fue en 1951 cuando el entonces presidente Jesús García Lande compró a cada uno de los representantes de los barrios una bandera para que participarán en la ceremonia del Grito de Independencia; es probable que a partir de eso se comenzara la tradición de adornar los arcada del entonces palacio municipal; lo que sí es más reciente es la realización de un desfile y la inclusión de eventos artísticos para colocar los arcos, esto data de la década de los 90`s del siglo pasado pues en años previos sólo se adornaba con los arcos pero sin ninguna ceremonia especial; con cada año que pasa el desfile y los eventos artísticos se han vuelto más variados y se convierten en una pasarela para danzas tradicionales de Izúcar como los Huehues o para escuchar música de diferentes bandas de viento o de mariachi. Cada uno de los barrios y la colonia busca lucir sus mejores galas y algunos traen hasta sus propias reinas y princesas.


Existen en el Archivo Municipal de Izúcar algunos bandos de fiestas patrias en los cuales podemos saber cómo se celebraban las fiestas patrias hace varios años y comparar con lo que se hace en la actualidad; algunas de las cosas que se pueden mencionar es que en las primeras décadas del siglo XX se acostumbraban hacer las veladas literarias-musicales tanto el 15 como el 16 de septiembre, donde era importante la participación de las escuelas de Izúcar así como de personas con talentos artísticos; la sede era el bello Teatro Matamoros, el cual se ubicaba en lo que hoy es el Auditorio Municipal. Actividades como los torneos deportivos, la kermes en el zócalo o la cabalgata en horas previas a la ceremonia del grito también se han hecho desde estos años. En un programa de los años 30´s del siglo pasado ya aparece el desfile del 16 de septiembre pero no únicamente con las escuelas sino con carros alegóricos de algunas empresas; algunas de las actividades que ya no se realizan y las cuales aparecen en estos bandos antiguos son las carreras de caballos o el lanzamiento de globos de cantoya.



En la actualidad los festejos patrios se han ido complementado con la inclusión de actividades artísticas tales como música de mariachi, de bandas de viento, danzas, no solo de Izúcar sino se han invitado grupos de otras partes del estado, exposiciones de fotos antiguas, entre otras. Posterior al grito la noche del 15 de septiembre, además de los tradicionales fuegos artificiales siempre hay algún conjunto musical para la diversión de la comunidad y por supuesto la clásica verbena popular.
 

jueves, 6 de agosto de 2015

Santo Domingo de Guzmán e Izúcar: una historia compartida


Estamos en los días de la fiesta de Santo Domingo de Guzmán en Izúcar, por lo que queremos compartir algunos datos de nuestro templo y exconvento y de su feria.

El antiguo Itzocan, hoy Izúcar, fue un importante asentamiento que a la llegada de los españoles se encontraba bajo el dominio de los aztecas; el mismo Hernán Cortes destaca dos cosas de Izúcar: sus muchos templos y su sistema de canales, que todavía subsiste. Como principal ciudad de la región e importante nodo comercial, no es de sorprenderse que los dominicos eligieran Itzocan para fundar su convento y de allí trabajar en la evangelización de los indígenas.


La mención más antigua de un dominico en Izúcar data de 1533, se llamaba Francisco de Mayorga y fue el primer evangelizador de los izucarenses; en 1541 el convento ya aparece enlistado en los documentos de la orden dominica siendo su primer vicario fray Luis Rengifo. En 1550 el virrey concede un repartimiento de indígenas para construir el edificio que actualmente vemos y cuya iglesia se concluyó hasta 1612 como reza la inscripción de la fachada del templo.


Fue en 1755 cuando los frailes dominicos dejan convento y la parroquia de naturales al clero de la diócesis poblana. En 1811 la iglesia alberga a los líderes insurgentes Morelos y Matamoros quienes invitan a los izucarenses luchar por la independencia. El 11 de abril de 1862 una de las capillas posas del atrio es testigo del fusilamiento del general Miguel Cástulo de Alatriste, destacado liberal. Carmen Serdán, heroína revolucionaria y nieta de Alatriste estaría en la iglesia en 1933 para develar una placa.


El 8 de agosto los izucarenses celebran al fundador de la orden de Predicadores, Santo Domingo de Guzmán; originalmente la celebración era el 4 de agosto aunque en realidad el santo murió un 6 de agosto del año 1221. Domingo nació en Caleruega (provincia de Burgos), España en 1170, siendo sus padres Félix de Guzmán y Juana de Aza; estudió en Palencia, fue canónigo de la Catedral de Osma y en al año 1215 funda una primera casa que sería el preludio a la orden religiosa que sería aprobada un año después por el papa Honorio III, la Orden de Predicadores, comúnmente conocidos como dominicos. Gran predicador y hombre sumamente piadoso Domingo consolidó su orden y tras una breve enfermedad moriría en Bolonia, Italia, donde en la actualidad descansan sus restos.


Junto con la fiestas de Santiago y la de la Asunción, la de Santo Domingo es de las festividades religiosas más importantes de Izúcar; desde días previos al 8 de agosto se celebra el novenario y se coloca la vendimia en la calle Benito Juárez; no puede faltar la presencia de los voladores de Papantla, quienes a manera de manda desde ya varios años realizan su ritual en el atrio del templo. El día 7 de agosto por la tarde repique de campanas y cuetes anuncian la llegada de las imágenes de los 14 barrios y pueblos vecinos.







El día 8 al medio día se realiza la misa de fiesta, con la participación del Arzobispo poblano o de algún otro prelado y se ha vuelto también tradicional la participación de los sacerdotes que son oriundos de nuestra ciudad. Sin duda el momento más emotivo es la procesión por la tarde, en la cual participan las imágenes se adornan con flores, frutas, panes, como una manera de ofrecer lo mejor de sí a Dios por la intercesión de  Santo Domingo, cuya imagen es porteada por los voladores de Papantla. 

martes, 5 de mayo de 2015

Batalla del 5 de Mayo de 1862, en su 153 aniversario

*Reseña leída en la ceremonia cívica organizada por el Ayuntamiento de Izúcar en el Parque Pavón, 5 de mayo de 2015.


Fue alrededor de las 7 de la noche del 5 de mayo de 1862, cuando las tropas francesas emprendieron la retirada de la ciudad de Puebla, a una cercana hacienda llamada de los Álamos y luego hacia Amozoc;  así lo dice en su parte de guerra el general Ignacio Zaragoza, comandante de las tropas nacionales, que tuvieron en ese día una de las más gloriosas victorias del ejército mexicano; más de uno hemos oído la frase con la cual Zaragoza informa del triunfo al presidente Juárez: “las armas nacionales se han cubierto de gloria”. Aunque para muchos efímera y de poco impacto, pues los franceses regresarían meses después y tomarían la capital poblana después de un feroz sitio, esta batalla sin duda se ha convertido en un hecho de mucha trascendencia para la historia de Puebla, sobre todo en un plano emocional, pues aunque fue sólo un hecho de armas, se venció al mejor ejército del mundo en esa época y con ello los ánimos y la moral no solo de las tropas sino de la mayoría de los mexicanos se fortalecieron. Las fuerzas francesas al mando del Conde Lorencez habían tenido un avance rápido desde Veracruz, el propio Zaragoza tenía dudas acerca de si atacarían Puebla, no obstante preparó el terreno con las obras y tropas necesarias. La brigada del general Miguel Negrete fue asignada a la defensa de los fuertes en los cerros de Loreto y Guadalupe, mientras que se formaron tres brigadas más, cada una de mil hombres al mando de Porfirio Díaz, Felipe Berriozábal y Francisco Lamadrid; una más la caballería quedó al mando del general Álvarez. A las 10 de la mañana el enemigo estuvo a la vista, Zaragoza se encontraba en su cuartel del fuerte de los Remedios, Lorencez ordenó que la mayor parte de su tropa se lanzara sobre los cerros y una brigada menor atacara por el frente; las tropas de Díaz y Berriozábal se movieron para apoyar a Negrete. Tres intentonas tuvieron los galos sin éxito, en la última lograron penetrar las trincheras del Fuerte de Guadalupe pero cuerpo a cuerpo los mexicanos los repelieron. Hubo una cuarta intentona pero esta fue rechazada gracias a la intervención de la caballería mexicana, es más Porfirio Díaz y su brigada se lanzaron a perseguir al desorbitado ejército francés pero Zaragoza les ordenó regresar pues no había suficientes efectivos para salir avante de dicha acción; ya con la noche se procedió a levantar del campo los muertos de uno y otro bando. Lorencez culpa en su informe a los conservadores de la derrota por haberle mal informado sobre la situación en Puebla, donde esperaba apoyo total a los invasores, pero como bien dice Zaragoza en su parte ya referido, “el general en jefe del ejército francés se ha portado con torpeza en su ataque”. Queremos cerrar esta sucinta reseña citando una parte del texto que acompaña el álbum de grabados “Las Glorias Nacionales, Álbum de Guerra”, de ese mismo año 1862, donde se ilustra la batalla y se resalta el sentir patriótico de aquella épica jornada: “La victoria del 5 de Mayo, es la rehabilitación de nuestra patria, ante el mundo entero; es una aureola de gloria al derredor de nuestra bandera, y una mancha indeleble en los anales de la Francia. Nunca podrá Napoleón III borrar la nota de infamia que lleva sobre su frente por la injusticia con que nos ha invadido; y sea cual fuere el resultado de la lucha que se prepara, el recuerdo del 5 de Mayo, será para aquel tirano un verdadero castigo, y un blasón de gloria imperecedera para nosotros, que nos atraerá las simpatías y el respeto de todos los corazones generosos”.

sábado, 11 de abril de 2015

Miguel Cástulo Alatriste, prócer liberal de la Guerra de Reforma (1820-1862)


*Reseña leída en la ceremonia cívica organizada por el H. Ayuntamiento de Izúcar el 11 de abril de 2015 y en la cual se contó con la presencia del Lic. Baraquiel Alatriste, descendiente del general.

Nació el 26 de marzo de 1820 en la ciudad de Puebla, hijo de Joaquín Alatriste y de Francisca Castro; desde niño aprendió de su padre el oficio de sastre, lográndolo dominar en poco tiempo pero lo dejó porque su vocación era otra. Entre 1837 y 1840 realiza estudios de jurisprudencia en el Colegio del Estado, para posteriormente trasladarse a la ciudad de México estudiando en la Universidad Nacional; se recibe como abogado el 9 de marzo de 1844. Dos años más tarde le confieren la cátedra de Derecho Canónico en el Colegio de San Juan de Letrán de la capital de la república; también en ese mismo año contrae matrimonio con Josefa Conrada Cuesta; una de las hijas del matrimonio Alatriste Cuesta, Carmen, sería la madre de los Hermanos Serdán, precursores del movimiento revolucionario de 1910. En 1846 ocupó el cargo de capitán de la 5ta. Compañía del Batallón Hidalgo, con el cual tuvo participación al año siguiente en la lucha contra los invasores norteamericanos. Trabajó como abogado en el Tribunal Superior del Estado y en 1849 inició su carrera política al ser electo síndico del ayuntamiento poblano, para 1853 fue electo alcalde segundo pero en ese mismo año es desterrado de Puebla por ser opositor al presidente Santa Ana. Destacado miembro del partido Liberal don Miguel fue electo gobernador de Puebla el 15 de junio de 1857, tocándole un periodo de mucha inestabilidad por el enfrentamiento entre liberales y conservadores; hizo campaña en el norte del estado de Puebla y también en Veracruz y Tlaxcala; tras el triunfo liberal en la batalla de Calpulalpan, Alatriste regreso a la ciudad de Puebla en enero de 1861, donde retomó su encargo de gobernador, fue ascendido a general y el 3 de septiembre del mismo año renuncia debido a que el Congreso lo acusa de abandonar la capital poblana, al ir en persecución de una facción de conservadores. Poco tiempo duró inactivo el general Alatriste pues la ciudad de Puebla fue declarada en estado de sitio para enero de 1862 por la presencia de las tropas extranjeras en el puerto de Veracruz y a él se le nombra 2do. Comandante Militar del estado. Aunque pareciera difícil de creer, pues el país era preso de una invasión extranjera, se le ordena a Alatriste trasladarse a Izúcar de Matamoros para repeler un ataque de tropas conservadoras provenientes del estado de Guerrero y al mando del General Cobos. El 10 de abril de 1862, Alatriste y sus 500 hombres se hicieron fuertes en el cerro del Calvario, pero después de cerca de 6 horas de  arduo combate sucumben ante la superioridad de los 3000 soldados de Cobos. Don Miguel es herido y cae prisionero, sabiendo que su destino estaba ya escrito pide que se le permita escribir el parte de guerra de la batalla donde resalta la valentía de su tropa. A las 9:30 de la mañana del día siguiente es conducido a una capilla abandonada, en una de las esquinas del atrio de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán. Llegando el momento fatal de su fusilamiento exclamó con voz firme “Muero pidiendo por el bien de mi patria y de mi familia” y luego dirigiéndose a los soldados del pelotón les ordeno enérgicamente “¡Disparen con valor, que muero por mi patria! Fue declarado Benemérito del Estado el 28 de octubre del mismo año y sus restos descansan en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de la ciudad de Puebla.

Miguel Cástulo de Alatriste deja como legado su ejemplo como un hombre leal y servicial a los intereses de su país, sus profundas convicciones reflejadas en su actuar, sin duda representan valores cada día más escasos en nuestra realidad, nuestro reconocimiento a su aporte a México, a 153 años de su sacrificio.


Imagen de los años treintas del siglo pasado donde se marca en el círculo rojo la capilla posa donde fue fusilado el Gral. Alatriste; nótese como era el mercado así como la torre con el reloj, el cual actualmente se ubica en la parroquia de Santo Domingo.

Imagen actual donde se marca en el círculo rojo el lugar que ocupaba la capilla donde fue fusilado Alatriste y en donde hoy existe una placa conmemorativa; compárese con la anterior y como ha cambiado el entorno, ya con el mercado "de picos".

viernes, 10 de abril de 2015

Emiliano Zapata Salazar, símbolo de la lucha agraria en México (1877-1919)


*Reseña leída en la ceremonia luctuosa organizada por el H. Ayuntamiento de Izúcar el 10 de abril de 2015 y después de la cual se colocaron ofrendas florales en los dos monumentos que del caudillo existen en nuestra ciudad.


Nació el 8 de agosto de 1877 en el poblado de Anenecuilco, estado de Morelos; hijo de Gabriel Zapata y de Cleofas Salazar, desde muy niño estuvo familiarizado con las labores del campo. Un pleito debido a su fuerte carácter lo llevó a tener que huir de su pueblo natal en 1897, para lo cual obtuvo trabajo en la hacienda de Jaltepec, Chietla. Tras regresar a Anenecuilco comenzó a involucrarse en la defensa de la tierra de su comunidad por lo cual sufrió la famosa leva, incorporándose al 9no. Regimiento de Caballería en Cuernavaca; gracias a la influencia de Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Porfirio Díaz, fue liberado del servicio y trabajó como su caballerango en las cuadrillas de dicho personaje por casi un año. En septiembre de 1909 es electo presidente de la junta de defensa de las tierras de su comunidad, cargo por el cual comienza a tener relación con personajes inconformes con el régimen porfirista. Su primera incursión política la realiza al apoyar al candidato oposicionista al gobierno de Morelos, Patricio Leyva, no obstante el triunfo del cacique Pablo Escandón, trajo represalias contra Anenecuilco y sus tierras. Con el levantamiento encabezado por Madero y su Plan de San Luis, Zapata y otros líderes morelenses acuerdan enviar a Pablo Torres a entablar negociaciones con el coahuilense. Para 1911 Zapata con los demás líderes se lanzan a la lucha armada teniendo como bandera la cuestión agraria; a Zapata le toca incursionar en el sur de Puebla, para luego unirse con otros grupos en varios lugares de la entidad morelense. El 16 de abril de 1911 los revolucionarios con Zapata a la cabeza toman Izúcar, pero esta ocupación no duraría mucho. Sus desavenencias con Madero hicieron que Zapata promulgara el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911, en donde se sintetiza buena parte de su ideología y la de sus aliados. El gobierno maderista lo combatió, mandando a militares de carrera para batirlo, pero sin éxito. Mandó sus representantes a la Convención de Aguascalientes y al  producirse la división entre Carranza y Villa, optó por seguir con este último, con quien entró a la ciudad de México en noviembre de 1914. Sus tropas se denominaban Ejército Libertador del Sur. En ese mismo año la Convención de Aguascalientes hizo suyos los postulados del Plan de Ayala, el cual también fue aceptado por el Ejército del Norte, pero las relaciones con Venustiano Carranza quedaron rotas. Después de la toma de la capital de la República por los constitucionalistas, Carranza encargó combatir a Zapata al general Pablo González, y el 2 de mayo de 1916 dicho general ocupaba Cuernavaca, que vuelve a manos de las fuerzas zapatistas para ser tomada definitivamente el 8 de diciembre. Los zapatistas representaron un obstáculo tan fuerte para el gobierno carrancista que recurrieron a un audaz plan para deshacerse del caudillo morelense; dicho plan fue urdido por el referido general González y el licenciado Luis Patiño, siendo el ejecutor del mismo el coronel Jesús Guajardo. Guajardo le hizo creer a Zapata que desconocía a Carranza, citándolo en la hacienda de Chinameca, municipio de Ayala, Morelos, donde lo emboscó y asesinó el 10 de abril de 1919. A 96 años de su cobarde asesinato el legado del llamado Caudillo del Sur sigue presente en muchos pueblos y sobre todo en el sector campesino, el cual como en esos años continua dando la batalla para subsistir en medio de la modernidad que no le da al campo y a sus trabajadores el lugar que les corresponde y por el que Zapata siempre luchó.