lunes, 23 de febrero de 2015

Reseña histórica por el CCIII Aniversario de la defensa de Izúcar, 1812-2015

Reseña leída en la ceremonia cívica organizada por el H. Ayuntamiento de Izúcar de Matamoros el 23 de febrero de 2015.

La lucha por la independencia de nuestro país vivió dos momentos importantes en nuestra ciudad, uno fue la épica jornada del 17 de diciembre de 1811 la cual ya hemos recordado hace escasos dos meses, la otra tuvo lugar en esta fecha 23 de febrero pero de 1812. Pero hagamos memoria, nos trasladamos a la época en que la campaña del generalísimo Morelos seguía rindiendo frutos en el sur de la entonces Nueva España. El entonces virrey Venegas había formulado un plan para reducir el poderío insurgente, el cual implicaba atacar tanto Cuautla como Izúcar, siendo el encargado de realizar el ataque a la segunda el brigadier Ciriaco de Llano. De Llano llegó a la hacienda de Teruel con alrededor de 2000 hombres, en los que se incluían soldados incorporados en la villa de Atlixco, así como los famosos batallones expedicionarios Asturias y Lobera.
          
           La mañana del 23 de febrero el brigadier de Llano y sus huestes se presentaron en Izúcar, ocupando el cerro del Calvario, colocándose aquí la artillería que abrió fuego sobre ésta; por la tarde se formaron dos columnas con los batallones expedicionarios, las cuales bajo el mando de José Antonio Andrade, atacaron la villa por distintos puntos, pero sin tener éxito para tomar la plaza. Para continuar con el relato de este hecho bélico citamos lo mencionado en documentos del ramo Operaciones de Guerra del Archivo General de la Nación:

Al amanecer del 24, dispuso Llano un nuevo ataque, al mando del mismo Andrade. Las dos columnas de españoles del día anterior bajaron ahora reunidas y reforzadas  […]. El resto de la artillería se colocó en un punto que flanqueaba el pueblo, a tiro de metralla, para sostener el movimiento, en tanto que la reserva formada por la caballería y el resto de la infantería, se colocaba en las dos entradas del pueblo. En esta disposición se verificó el nuevo ataque en que fueron otra vez rechazados, aunque lograron incendiar dos barrios de los suburbios (el de Santiago y el del Calvario). Retirándose los realistas a sus antiguas posiciones y desde allí continuaron durante el resto de la tarde, y la totalidad de la noche, hostilizando a los insurgentes con la artillería […] No se atrevió Llano a dar un tercer ataque. A las 5 de la tarde del 25 de febrero, los realistas tenían ya 7 muertos, 20 heridos y 4 contusos.

Los 150 patriotas insurgentes comandados en esta ocasión por el padre José María Sánchez de la Vega y el capitán Vicente Guerrero y apoyados en todo momento por el pueblo izucarense, fueron demasiado para el impetuoso ejército de de Llano, quien optó por olvidarse de tomar Izúcar, sobre todo por la solicitud de apoyo del mismísimo Félix Calleja, quien para esos momentos asediaba Cuautla; el día 26 de febrero muy temprano los realistas simularon un ataque al pueblo con una parte de sus tropas, lo cual le permitió al resto de su maltrecha división seguir su camino para reforzar el sitio sobre Cuautla. Y así fue como de nuevo  nuestra heroica ciudad volvió a contribuir a la causa de la libertad, sobre todo con el decidido apoyo de su gente, hoy recordamos no solo a los grandes héroes de la independencia sino a aquellos héroes anónimos que ofrecieron su vida en esa épica jornada de febrero de 1812.

lunes, 2 de febrero de 2015

MARIANO MATAMOROS Y GURIDI (1770-1814)



Nació en la ciudad de México el 14 de agosto de 1770, siendo sus padres José Mariano Matamoros y Mariana Guridi. Realizó estudios en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco y se recibió como bachiller en Artes y Teología. Fue ordenado sacerdote en 1796. Ejerció como vicario en algunas parroquias hasta ser nombrado cura de la parroquia de Jantetelco (actual estado de Morelos) en 1807. De este lugar salió el 16 de diciembre de 1811 para ponerse a las órdenes de Morelos en Izúcar, donde al día siguiente tendría su primera participación en batalla, la cual fue victoriosa para las huestes insurgentes que con apoyo del pueblo izucarense derrotaron a los realistas al mando de Miguel Soto y Maceda. Participó en varios hechos de armas como el sitio de Cuautla, el cual rompió para ir por víveres en abril de 1812. Entre junio y octubre de 1812 formó en Izúcar una división, la cual adiestró, disciplinó, uniformó y le dio hasta una bandera y la cual para muchos historiadores se considera el primer ejército mexicano. Con esta milicia tuvo momentos brillantes para la causa de la Independencia como la derrota al Batallón Asturias en San Agustín del Palmar (cerca de Quecholac, Puebla) y la victoria sobre las tropas del criollo guatemalteco Dambrini en Tonalá, Chiapas. Fue nombrado segundo al mando después del Generalísimo Morelos, quien lo mandó llamar para atacar Valladolid, en diciembre de 1813, reuniéndose con él y otros jefes insurgentes en Cutzamala, México; pasaron después a Huetamo, Tacámbaro y Tiripitío en Michoacán. En Llano Grande, Matamoros fue encargado de conseguir el carbón suficiente para pintar las caras y  manos de las tropas que atacarían Valladolid (hoy Morelia). El 23 de diciembre de 1813, iniciaron el combate, pero fueron derrotados por los realistas al mando de Ciriaco de Llano y Agustín de Iturbide. Estos mismos jefes lo atacarían de nuevo en  Puruarán el 5 de enero  de 1814, cayendo  prisionero; se le condujo preso a Pátzcuaro, el 12 de enero. Tres días después llegó a Valladolid, en donde se le instruyó causa. No obstante la oferta de Morelos de ofrecer 200 prisioneros por su vida, don Mariano Matamoros fue fusilado el 3 de febrero de 1814, en el Portal Ecce Homo de la capital michoacana.

miércoles, 21 de enero de 2015

Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas de Izúcar Matamoros, 60 aniversario Entrevista con Ernesto Pérez Serrano


Este 15 de enero el Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas  de nuestra ciudad cumplió 60 años de haber sido inaugurado, en aquella fecha estuvo presente el propio general Cárdenas así como el entonces gobernador de Puebla, Rafael Ávila Camacho, quien rindió su informe de gobierno. Sin duda esta ha sido una institución que ha aportado mucho a la sociedad izucarense por lo cual en este magno festejo compartimos la entrevista que le hicimos al Profesor Ernesto Pérez Serrano, quien fuera cerca de 24 años director de la escuela. La entrevista consta de cinco partes, en la primera el profesor nos habla de sus inicios y como es que estudió, en la segunda de su trabajo dentro de la estructura sindical del magisterio, en la tercera y cuarta de sus experiencias como director del centro escolar y en la quinta nos envía un mensaje de su sentir por el 60 aniversario.
El profesor Ernesto es originario de Santa Ana Coatepec, municipio de Huaquechula, estudió la normal en la ciudad de Puebla y aun antes de terminarla tuvo la oportunidad de dar clases en primaria. Al llegar a Izúcar al Centro Escolar se desempeñó como maestro de grupo en quinto y sexto año de primaria; en este lapso tuvo como alumnos a personajes como Raúl Ramírez,  Juan Manuel Vega Rayet o Andrés Palma Montaño quienes llegaron a ser presidentes municipales de Izúcar. También tuvo una prolífica participación en el sindicato de maestros lo cual le permitió conocer a muchas personas. Ya como director, una de las cosas que más le enorgullece es que durante su gestión se estableció la primera biblioteca en una institución educativa en el estado de Puebla, la cual todavía sigue dando servicio a nuestra ciudad. Le tocó la organización de los festejos por el 40 aniversario y también recuerda vívidamente los muchos bailes que se organizaron en la escuela con los cuales se pudieron implementar mejoras materiales al edificio escolar. En su gestión le tocó albergar una escuela normal en el centro escolar así como al Colegio de Bachilleres y a la Universidad Tecnologica de Izúcar de Matamoros y también nos platicó acerca de la colaboración que tuvo con las autoridades municipales participando como heraldo en diferentes eventos.

Le agradecemos al profesor Ernesto el compartir su tiempo y felicitamos al Centro Escolar Lázaro Cárdenas por este 60 aniversario. 
La entrevista consta de 4 partes que se pueden ver en los siguientes links:

lunes, 5 de enero de 2015

Parroquia de Santa María de la Asunción, Izúcar: una breve semblanza histórica


*Publicado en Cofradía de Identidades, Números 16-17, Año V, julio-agosto 2014/sep-oct 2014, Consejo de la Crónica del Estado de Puebla.


El origen de este templo parroquial se remonta al momento en que los destinos de la entonces diócesis de Puebla de los Ángeles, eran dirigidos por el obispo y beato  Juan de Palafox y Mendoza; fue entre 1640 y 1649, cuando este prelado ocupó la dignidad episcopal angelopolitana, tiempo en el cual pudo visitar gran parte de las parroquias que formaban la diócesis, que en ese momento tenía un territorio vasto, incluyendo nuestro Izúcar que visitó en 1644.
Un aspecto relevante de la gestión de Palafox fue el proceso de “secularización” de las parroquias; en pocas palabras este proceso consistió en quitar a los religiosos de las órdenes franciscana, dominica y agustina, la administración parroquial que tenían hasta entonces. En el caso de Izúcar, la parroquia estaba a cargo de los padres dominicos quienes habían llegado a la región por lo menos desde 1533 para evangelizarla.
Como era de esperarse los religiosos opusieron resistencia a la disposición palafoxiana, la cual tenía fundamento en decretos reales, generándose un fuerte conflicto; ante este panorama Palafox se dio a la tarea de fundar nuevas parroquias en pueblos donde existían frailes con funciones de curas, como sucedió en Izúcar con la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. El Archivo Parroquial de Izúcar (APIM) resguarda un documento que da fe de la erección de esta nueva parroquia en 1641; allí se asienta el nombre de los curas nombrados por el Racionero de la catedral poblana Juan de Merlo, a nombre del obispo Palafox, se trata de los bachilleres Diego Bautista Rodríguez y Juan Hurtado de Quiroz[1].
Si uno observa en algunos lugares de Puebla como Tepeaca, Cholula o Huejotzingo, notarán que existen en la plaza dos iglesias, una de las cuales se encuentra asociada a un antiguo convento. Pues bien esto se debe al proceso de secularización ya comentado; en el caso de Izúcar, en la plaza mayor o zócalo, en su costado oriente se ubica el templo parroquial de Asunción, sin embargo la parroquia de origen dominico no está en la plaza sino unas calles al sur, pero responde al mismo patrón; un caso similar al de Izúcar es Tecamachalco donde el templo conventual de origen franciscano tampoco se ubica frente a la plaza principal.
El cronista izucarense, Manuel Sánchez informa que antes de edificarse la parroquia de españoles, estos ocupaban como parroquia el templo de Santiago Apóstol, Santiaguito, el cual correspondía al barrio de Santiago Mihuacán[2] . Con la disposición palafoxiana Izúcar tuvo a partir de 1641 dos parroquias que en documentos posteriores se diferenciaron como el curato de españoles (Asunción) y el de naturales (Santo Domingo); por si hubiera alguna duda de esto tanto en documentos del archivo parroquial como en censos levantados en la diócesis aparece tal distinción.
El diario del obispo Palafox informa que cuando hizo la visita pastoral a Izúcar en julio de 1644, el cura era el licenciado Jacinto Calderón, quien estaba asistido por los licenciados Nicolás de Nava y Diego López de Nava. Ya para la época de la guerra de Independencia este templo fue testigo de la primera celebración por el inicio de la lucha independentista en Izúcar, la cual consistió en dos misas solemnes los días 16 y el 17 de septiembre de 1812, las cuales fueron promovidas por don Mariano Matamoros, quien participó en la celebración al lado de su estado mayor[3].
Fue hasta 1904 durante el episcopado de don Ramón Ibarra y González, cuando las dos parroquias izucarenses se unieron en una sola, quedando con el título de Santa María de la Asunción[4]; en 1907 el mismo prelado vino a bendecir las obras de restauración del templo[5]. El 13 de agosto de 1926 se entregó el enrejado y el trabajo de cantera en pisos y escalinatas, lo cual fue patrocinado por las colonias libanesa y española[6]; testimonio de ello son las placas ovales de mármol que todavía se pueden ver en la barda atrial, las cuales tienen el nombre de los donantes. Con la llegada a Izúcar del cura Arturo Márquez Aguilar, el templo parroquial sufrió una importante remodelación en su interior, esto fue en 1945, la cual le dio la fisonomía que hoy tiene.
Por las características arquitectónicas del inmueble, este puede asignarse al siglo XVII; el edificio tiene una planta de cruz latina, a la cual se le agregaron capillas laterales (dos en cada lado). Su fachada consta de dos cuerpos, teniendo ambos pilastras dobles flanqueando un paño central; en el caso del primer cuerpo este tiene un arco de medio punto que da entrada al recinto y en cuanto al segundo el elemento central es la ventana coral en forma de óculo, bajo la cual hay un nicho vacío; tanto los paños centrales como los intercolumnios y las enjutas del arco de entrada presentan decoración trabajada en argamasa. El reloj que se ubica encima de la ventana coral data de 1864. El interior en la actualidad es más bien neoclásico, producto de las remodelaciones que ha sufrido tanto desde el siglo XIX como en la segunda mitad del XX.
Por un inventario del siglo XVIII[7] podemos tener una idea de la fisonomía que tuvo el templo antes de la llegada de la moda neoclásica; en dicho documento se menciona la existencia de retablos de madera estofada, de los cuales el del Altar Mayor constaba de dos cuerpos y remate, teniendo las esculturas de la Asunción, San Felipe Neri, San Cayetano, Santo Tomás, San Carlos, San Pedro y San Pablo así como tres pinturas en el segundo cuerpo; este retablo debe haber sido una obra destacada y se menciona fue hecho de limosna por el Licenciado Félix Pérez Delgado con una ayuda del entonces párroco Tomás de la Higuera y siendo su costo total de 1100 pesos; el referido licenciado Pérez fue un clérigo,  dueño del ingenio de San Nicolás Tolentino en la segunda mitad del siglo XVII. El templo además tenía retablos dedicados a Jesús Nazareno, la Inmaculada Concepción, otro de la Asunción, San José, Altar de Ánimas y el de la Soledad que se encontraba en una capilla.
En la actualidad considerando las características de las imágenes todavía con culto, podemos suponer como parte de lo mencionado en el inventario la imagen de la Asunción que se encuentra recostada en una urna, en el brazo izquierdo al presbiterio (en el inventario se menciona una imagen de la Asunción en su sepulcro y con bidriera) y la escultura que hoy día se venera como el Divino Preso, ubicada en un nicho, entrado al templo a la izquierda (este nicho era originalmente la entrada al bautisterio que hoy día es un salón de actividades parroquiales), la cual seguramente era la que se enlista como de bulto en el altar de Jesús Nazareno donde también había un lienzo.



[1] APIM, Libro de Bautizos.
[2] Sánchez Cruz, Izúcar en su historia, Edición del Autor, 2004.
[3] Archivo CARSO-CONDUMEX, Fondo XLI-1.
[4] Sánchez Cruz, Izúcar en su historia, Edición del Autor, 2004.
[5] Ibídem.
[6] Ibídem. p. 106
[7] APIM, Caja 111, Exp. de Fábrica.





martes, 16 de diciembre de 2014

HEROICA IZÚCAR DE MATAMOROS, EN SU 189 ANIVERSARIO DE ELEVACIÓN A CIUDAD

*Semblanza leída el 29 de octubre de 2014 durante la ceremonia cívica efectuada en el Parque Pavón.

Fue un 29 de octubre pero del año de 1825 cuando el Honorable Congreso del Estado de Puebla, en su decreto con número 155 le otorga al pueblo de Izúcar el título de ciudad pero al mismo tiempo le agrega el apellido Matamoros para honrar la memoria de tan insigne insurgente, quien vivió momentos trascendentales para la Historia precisamente en esta soleada tierra.
Pero las raíces de Izúcar se hunden en la profundidad del tiempo, toda vez que los primeros pobladores de la región datan del periodo que los arqueólogos llaman Preclásico, es decir hace aproximadamente unos 2500 años, cuando la entonces aldea de Las Bocas, destacaba por su trabajo en la cerámica y por la presencia de rasgos de la cultura olmeca. Aún no es claro aún si grupos de filiación chichimeca fundan el asentamiento prehispánico de Izúcar y por ende sería aventurado  y hasta irresponsable dar una fecha exacta de fundación; no obstante lo que si sabemos con certeza es que para la época de los aztecas ya existía y que fue conquistada por éstos más o menos a mediados del siglo XV; su glifo toponímico aparece en códices como la Historia Tolteca-Chichimeca y la Matrícula de Tributos.
Los ecos de una nueva conquista llegarían a  Itzocan, el nombre nahua de Izúcar, en diciembre de 1520 cuando las tropas españolas, ayudadas por milicias tlaxcaltecas toman la ciudad. Y decimos la ciudad porque así se refiere a Itzocan Hernán Cortés, en sus cartas de relación, donde además destaca dos cosas: su gran cantidad de templos y su sistema de canales y acequias, que aún es visible en medio de la modernidad. Para 1533 comienza la otra conquista, la espiritual, la cual sería encabezada por la orden dominica, quienes edificarían su monumental convento de Santo Domingo, cuyo templo sería concluido hasta 1612. Otros testimonios del patrimonio religioso de la época virreinal son la iglesia de Santiago Apóstol, cuya monumental escultura entreteje su origen en la leyenda, la parroquia de Santa María de la Asunción, construcción barroca destinada a los españoles de Izúcar y erigida por órdenes del entonces obispo poblano y ahora beato Juan de Palafox y por supuesto el templo del antiguo hospital juanino de Nuestra Señora de los Dolores, cuya fachada barroca de mediados del siglo XVIII contrasta con su austero interior.
Un elemento que definitivamente modificó la vida de la fértil región izucarense, conocida en los inicios de la Colonia como Coatlalpan,  fue la introducción del cultivo de la caña de azúcar y la industria que entorno a ella sigue existiendo y siendo parte fundamental de la economía; los antiguos cascos de haciendas como  San Juan Raboso, San Juan Colon o San Nicolás Tolentino, son testimonios elocuentes de este proceso.
Para la época de la independencia Izúcar tuvo una participación destacada, pues fue testigo de la presencia de José María Morelos y incorporación del cura Mariano Matamoros  a la lucha, siendo su primera batalla la del 17 diciembre de 1811; otro memorable hecho de armas fue el del 23 de febrero de 1812, donde los izucarenses comandados por Vicente Guerrero y el padre José María Sánchez volvieron a triunfar para la causa libertadora. Pero sin duda el hecho significativo de esta época fue la formación del que para algunos historiadores fue el primer ejército mexicano en 1812, bajo el liderazgo del cura Matamoros.
Para mediados del siglo XIX, Izúcar fue participe de la lucha entre liberales y conservadores, en donde una figura destacada fue la del general Miguel Cástulo de Alatriste, quien fuera fusilado por los conservadores en nuestra ciudad el 11 de abril de 1862; cabe mencionar que los nietos de este destacado abogado y militar, los hermanos Serdán serían los iniciadores del movimiento revolucionario de 1910. En 1890, el ferrocarril llega a tierras izucarenses produciendo cambios importantes para la economía y las comunicaciones.
Con la llegada del siglo XX, Izúcar tuvo en sus calles la presencia del caudillo Emiliano Zapata, quien tomó la ciudad en 1911; en 1933 la comunidad izucarense recibió la inédita visita de la heroína revolucionaria Carmen Serdán en el histórico templo de Santo Domingo de Guzmán. Por un día, el 15 de enero de 1955, nuestra ciudad fue capital del estado pues el Congreso sesionó aquí para oír el informe de gobierno del entonces gobernador Gral. Rafael Ávila Camacho, esto en el contexto de la inauguración del Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas. Pasarían casi 60 años para que otra legislatura del congreso poblano le aportara un mérito más, al declararla heroica por su papel en la lucha por la Independencia, específicamente por la batalla de 17 de diciembre de 1811; dicha declaratoria sucedió el 13 de diciembre de 2012.

Lo antes mencionado es solo una parte de la rica historia y los hechos que han configurado nuestra cabecera municipal, por lo cual en este aniversario nos debe motivar a asumir un papel responsable y reflexivo para contribuir a lograr una ciudad más equitativa y con un futuro promisorio. Felicidades Izúcar, Felices 189 años como ciudad y felicidades a las y los izucarenses.

Ofrenda floral colocada por las autoridades municipales en el monumento a Mariano Matamoros.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Del mito a la realidad de la Historia: El Archivo Municipal de Izúcar de Matamoros, Puebla

*Ponencia presentada en la V Convención Internacional de Archivistas (COINDEAR)-IV Foro Nacional de Legislación Archivística, ciudad de Puebla, noviembre de 2014.

PREÁMBULO
Rescatar la memoria y la historia de su comunidad es una de las tareas primordiales de los cronistas, los medios para llevar esto a cabo pueden ser varios, siendo uno de ellos la búsqueda de documentos antiguos ya sea en el seno de las instituciones públicas o de particulares. En el caso de las instituciones públicas los repositorios por excelencia de esos documentos son los archivos, que en el caso de varias comunidades son básicamente dos: los de gobierno civil (archivos municipales o de las presidencias auxiliares) y por supuesto los religiosos (archivos parroquiales).
Desde el momento en que tuvimos el privilegio y la responsabilidad del nombramiento de cronista municipal de Izúcar de Matamoros, asumimos como una tarea fundamental la revisión del Archivo Municipal, el cual desde años anteriores siendo un investigador cualquiera, estuvimos tratando de poder conocer su contenido, pero aún con solicitudes formales nunca permitieron que entráramos. Y es por ello que nos atrevemos a utilizar la palabra “mito”, para referirnos a éste pues pocos habían tenido la fortuna de haberlo visto en los últimos años.
Físicamente el repositorio izucarense se ubica en dos espacios, la parte que se podría considerar más reciente, en un salón del Auditorio Municipal y el resto en dos salones en la parte alta del expalacio municipal de Izúcar; por obvias razones, cuando se nos autorizó entrar al archivo, se seleccionó la segunda área pues se consideraba y se sabía por transmisión oral que la documentación más antigua se encontraba aquí. No podemos omitir mencionar que cuando se solicitó el permiso, siendo en este caso únicamente fue verbal, la petición causó asombro pues nuestros propios compañeros del ayuntamiento  pensaban ¿Qué va a encontrar? ¿Son sólo papeles viejos? Y se abrió la puerta y se recibió el golpe de la impresión pues el desorden era desmesurado; en la entrega-recepción de la administración municipal pasada a la actual, el archivo se entregó como una entidad única, como una “cosa” inseparable y monolítica.
Lo primero que se realizó fue una inspección ocular de todo el material expuesto, encontrando una sección de archivo como de interés, la cual estaba en cajas de cartón, especiales de archivo tipo AG12 y además contaba con anotaciones que empezaban en 1904. Se pidieron materiales de limpieza y se comenzó la tarea de abrir estas cajas; se notó que los documentos estaban en folders y con cierto orden; en algunos casos había legajos amarrados. Se hizo una limpieza básica de los documentos con bledo y en todo momento se utilizaron guantes y cubrebocas para manejar los papeles. Hasta el momento de escribir este texto se han revisado 20 de estas cajas.
Las expectativas eran amplias, sobre todo tomando en cuenta el inventario realizado en 1983 por personal del Archivo General de la Nación, el Gobierno del Estado de Puebla, el INAH y otras dependencias, en donde se enlistaban 17 cajas comprendidas entre 1838 y 1974, así como 4 expedientes de los años 1774 a 1818; se buscó correlacionar este inventario con lo existente pero no hubo concordancia, es más había cajas marcadas como del siglo XIX pero que dentro tenían documentación del XX; aún falta mucho por revisar y se esperan resultados más esperanzadores posteriormente.
A la par de esta revisión se iniciaron las gestiones para tener el apoyo de ADABI de México, tomando en cuenta la experiencia de esta asociación y que ellos realizaron el inventario del Archivo Parroquial de Izúcar de Matamoros; la solicitud la hizo el presidente municipal y meses después se recibió la contestación así como una visita de personal de ADABI, para conocer in situ el caso del archivo izucarense; ADABI hizo una propuesta económica pero lamentablemente el municipio no tenía la capacidad financiera para solventarla. Con este escenario, pues sabíamos que debíamos continuar en solitario pero con mucho entusiasmo para desentrañar páginas no conocidas de la historia de nuestra heroica ciudad.

LA INFORMACIÓN PRESENTE EN EL ARCHIVO
Fundamentalmente la información que se ha podido encontrar corresponde a lo emitido por la presidencia municipal y por el otro la de la Jefatura Política de Izúcar, siendo lo más abundante esto último, en un lapso comprendido en las dos primeras décadas del siglo XX. Conviene hacer notar que las jefaturas políticas fueron instancias de gobierno intermedias entre los gobernadores y los presidentes municipales, las cuales aunque se originan desde principios del siglo XIX a través de la Constitución de Cádiz en España, tuvieron un importante y vital papel en el sostenimiento del régimen dictatorial porfirista; si bien los jefes políticos traspasaron el inicio del movimiento revolucionario, su muerte definitiva se dio con la Constitución de 1917 aunque ya en 1914 Venustiano Carranza había decretado su desaparición (Mecham, 1984).
Otra parte importante del repositorio corresponde a documentación del Registro Civil, la cual se encuentra amarrada en papel manila y hay una serie de materiales variados que incluyen libros de diferentes temas, algunos ya dañados por la humedad; cuestiones relacionadas con compras, recibos de años pasados, hojas membretadas de anteriores administraciones, invitaciones, entre otras cosas se encuentran diseminadas en anaqueles metálicos. Además, hay toda una parte del salón con carpetas divididas por dependencias municipales, pertenecientes a dos periodos de gobierno entre 2002 y 2008, los cuales a simple vista no aparentan un desorden.
Conviene exponer sobre la información localizada en el acervo perteneciente a la Jefatura Política, en donde se ha localizado  que el documento más antiguo, es una lista de entradas de personas al hospital municipal de San Juan de Dios, de 1884. Este hospital fue fundado por los padres juaninos en el siglo XVIII y a mediados del XIX pasó a ser administrado por la autoridad municipal; como un dato curioso, se encuentra en la oficina del presidente municipal, un libro del siglo XVIII, correspondiente precisamente a este hospital, pero de la época de la administración de los frailes juaninos y el cual se resguarda en una urna de madera.
La información se encuentra mayormente en legajos cocidos y tiene una clasificación general en dos categorías: departamento y sección; no obstante también hay expedientes sueltos. En cuanto a la categoría de departamento se han localizado los siguientes: Fomento, Instrucción Pública y Estadística; Gobernación y Seguridad Pública; Justicia, Beneficencia e Higiene; y Hacienda. Otro conjunto de documentos son los concernientes a los casos llevados por los juzgados.
Se encontró un legajo cuyo temática es las actividades de los zapatistas en la demarcación de la jefatura política izucarense entre 1911 y 1912, de cuya información ya se ha presentado un trabajo durante un encuentro de cronistas hace unos meses[1]; precisamente entre estos documentos se ha hallado uno en donde se hace mención de la toma de Izúcar por Emiliano Zapata y sus tropas, el cual está signado por el jefe político Bruno Guerrero Reyes; la toma de la ciudad tuvo lugar en abril de 1911 y se destaca que los miembros del ayuntamiento le piden al caudillo suriano no quedarse con todo el dinero de la tesorería puesto había de pagarse a los maestros que venían de fuera, a lo cual Zapata accede.
En la Secretaría General del Ayuntamiento las actas de cabildo con que se cuentan datan de la década de los 70´s del siglo pasado a la actualidad,  por lo cual resultó sumamente interesante localizar 3 de éstas, las cuales eran copias turnadas a la Jefatura Política y son de la primera década del XX; también se han localizado inventarios de entrega recepción y solicitudes de licencias de los jefes políticos, presidentes municipales y regidores; es evidente que el movimiento revolucionario trastocó la vida política de Izúcar, toda vez que las renuncias y licencias fueron constantes. Además, se han podido agregar nuevos nombres de personas que ocuparon la presidencia municipal y que no aparecían en el listado oficial tanto de la galería de la Sala de Cabildos de Casa Colorada (sede del gobierno municipal de Izúcar) como el elaborado por el fallecido cronista Manuel Sánchez Cruz (Sánchez, 2004:166-169).
En el tema educativo también se ha localizado información de sumo interés para la historia de la ciudad y la región; hemos conocido de la existencia de las escuelas del municipio así como de municipios vecinos, las cuales rendían informes de asistencia y de calificaciones al jefe político. En Izúcar se reportan una escuela católica denominada San Luis Gonzaga, la cual era solo para niños, así como tres escuelas públicas; en el centro: la Central Matamoros para niñas y la Central Pavón para niños, y en el barrio de Santiago Mihuacán una escuela para niños denominada Zaragoza.
Las fiestas patrias y su organización también han sido un tópico hallado en los legajos revisados hasta el momento; se puede destacar un bando patrio de las fiestas de 1913 así como la invitación respectiva; como un hecho llamativo de la manera en que se desarrollaban estas festividades es que gran parte de los actos tenían lugar en el Teatro Matamoros (por ejemplo la ceremonia del Grito de Independencia) y quienes convocaban eran en el orden siguiente: el Jefe Político, la Corporación Municipal o Ayuntamiento y el Jefe de las Armas; este teatro ya no existe en Izúcar, en su lugar se encuentra el Auditorio Municipal y aún hay algunas fotografías de los eventos en dicho recinto.
Se ha localizado un documento donde consta la existencia de un club antireeleccionista en Izúcar, el cual llevaba el nombre del general Miguel Cástulo de Alatriste, héroe poblano de la guerra entre liberales y conservadores y quien fuera fusilado en la ciudad izucarense en abril de 1862; este personaje fue el abuelo materno de los hermanos Serdán y el documento en cuestión es una queja acerca del desarrollo inequitativo de las elecciones, esto en el mes de noviembre de 1911. El tema de las elecciones también es tratado en varias fojas donde se muestra listas de los votantes por secciones tanto del centro como de los barrios izucarenses.
Pero no quisiéramos finalizar este breve repaso sin comentar que no únicamente hay información de Izúcar, sino la hay también de municipios vecinos como Tlapanalá, Tepeojuma, Tilapa, Tepexco, Huehuetlán y Teopantlán, los cuales formaban parte de la jurisdicción de la jefatura política izucarense. Como hallazgo sui generis podemos mencionar una fotografía de una persona del sexo masculino, la cual hace parte de un expediente judicial por asesinato sucedido en el municipio de Tepexco y la cual se difundió para identificar a este individuo.

PALABRAS FINALES
El trabajo en el archivo municipal izucarense es un proceso que continúa y va para largo, se han disminuido las sesiones de trabajo por seguridad ya que la ventilación en el espacio es mínima, esto siguiendo los consejos dados por el personal de ADABI de México, quienes también han sugerido retirar del espacio donde se ubica la parte histórica del repositorio. En las líneas antes expuestas únicamente hemos hecho un recuento general del trabajo y algunas primicias de los datos recuperados, la cual aún debe ser procesada para tener información inédita de la historia de nuestro municipio y región; se seguirá insistiendo para ver si el proyecto de ADABI puede financiarse más adelante o en su defecto se buscarán apoyos con otras instancias.
Estamos ciertos que el trabajo reseñado aun es mínimo pero a nuestro juicio el “mito” que era este archivo ha dejado de serlo, aunque modestamente ya es una realidad, la cual nos está proporcionando información significativa de Izúcar y los izucarenses; no podemos dejar de agradecer el apoyo de nuestras autoridades municipales pero aún falta mucho por hacer y esperamos en un futuro no muy lejano mayores recursos, pues rescatar la memoria de la comunidad es algo fundamental.

BIBLIOGRAFÍA
4  Archivo Municipal de Izúcar de Matamoros.
& MECHAM, J. Lloyd. “El Jefe Político en México” en Secuencia, No. 4 enero-abril de 1986, pp.143-156.
& RODRÍGUEZ Ochoa, Patricia (coordinación) Los Archivos Municipales de Puebla, México, Gobierno del Estado de Puebla-Archivo General de la Nación, 1985.
& SÁNCHEZ Cruz, Manuel. Izúcar en su historia, Edición del Autor, 2004.



[1]Noticias sobre el zapatismo en Izúcar de Matamoros y su región”, en prensa.


Uno de los documentos que resguarda el Archivo Municipal de Izúcar.

viernes, 25 de julio de 2014

Festividad al Santo Niño de Atocha en Izúcar de Matamoros


La devoción al Santo Niño de Atocha es una de las más extendidas en todo nuestro país, probablemente en lo que concierne a una imagen de Jesús Niño es la que más ha trascendido fuera de su santuario, el cual se ubica en Plateros, municipio de Fresnillo, Zacatecas; su origen se remonta a España, al barrio madrileño de Atocha, donde la leyenda cuenta acerca de un niño vestido de peregrino,  que alimentaba  a los presos. Con la llegada de los españoles al Nuevo Mundo y el establecimiento de pueblos mineros, también llegó la devoción a Santa María de Atocha y por ende a su pequeño niño, el cual con el tiempo se convirtió en una imagen muy milagrosa, adoptando el patronazgo de los mineros, pues la zona de Fresnillo es de mucha minas.

La imagen que se venera en Izúcar y que pertenece al templo parroquial de Santo Domingo, es una talla en madera elaborada en Italia; fue traída desde allá por el señor cura don Arturo Márquez Aguilar, como un regalo a la señora Paulina Cervantes de García, en los años 60´s del siglo pasado; doña Paulina consideró que la imagen era muy bella como para tenerla en una casa por lo cual quiso quedara en templo para darle veneración. El nicho que ocupa se ubica en el retablo que la referida señora Cervantes costeara, tras el incendio del templo en 1939.


Muchas personas de Izúcar deben recordar que quien hacia la festividad al niño era la señora Lupita Cervantes de Pedroche, quien vivía en la calle Reforma desde donde salía la procesión con los niños y niñas vestidos de blanco; la fecha para celebrarlo es el último sábado de julio, la cual solo se retrasa en caso de coincidir con la festividad del Señor Santiago, de mucha importancia para los izucarenses; al niño se le considera protector de la niñez y patrón del catecismo. Por un tiempo la fiesta decayó pero desde hace varios años han sido la señorita Marta Báez Manjarrez, la Señora María Vargas Bello y el licenciado Noé López García, quienes se han dado a la tarea de mantener viva la festividad y de organizar el novenario en el cual la sagrada imagen visita los hogares izucarenses y en algunos años hasta los de comunidades cercanas.

sábado, 1 de junio de 2013

IZÚCAR DE MATAMOROS, PUEBLA, CIUDAD HEROICA


De acuerdo al diccionario de la RAE la palabra heroica se refiere a alguien famoso por sus hazañas o sus virtudes, es por ello que cuando este adjetivo se le adiciona a algún lugar o una ciudad tiene que ver con los hechos sucedidos aquí los cuales fueron sobresalientes o relevantes para la historia de alguna región, un estado o el país mismo.
Este es el caso de la ciudad de Izúcar de Matamoros, que el pasado 13 de diciembre de 2012 se unió al reducido grupo de ciudades poblanas como la misma capital Puebla de Zaragoza, Atlixco o Tetela de Ocampo, en ser declaradas heroicas; en lo concerniente a  la urbe izucarense, recibió tal distinción del H. Congreso del Estado de Puebla por un hecho de armas sucedido en plena guerra de independencia, el cual fue documentado en una investigación realizada por el autor de este texto y sobre el cual haremos memoria en las siguientes líneas.
Nos trasladamos al año de 1811 cuando el generalísimo José María Morelos realizaba campaña por las serranías surianas de la entonces Nueva España; tras haber tomado poblaciones como Tlapa, Chiautla y Chietla, las tropas insurgentes dirigieron sus destinos hacia Izúcar, donde fueron recibidos de manera entusiasta y con alegría el 10 de diciembre. La presencia de Morelos en Izúcar, desató la incertidumbre de las autoridades civiles y religiosas en la ciudad de Puebla, pues se temía un ataque.
Es así que el comandante militar de Puebla, Ciriaco de Llano envía una columna de 600 hombres al mando del coronel Miguel Soto y Maceda, para atacar a Morelos en Izúcar; al estar preparando la defensa del poblado, se presenta ante el “Siervo de la Nación” el también cura Mariano Matamoros y Guridi, párroco del vecino pueblo de Jantetelco, quien con algunas personas se pone a sus órdenes; ambos clérigos celebran misa en la entonces parroquia de naturales de Santo Domingo, donde invitan a los izucarenses a unirse a la lucha por la independencia.
El 17 de diciembre las tropas realistas comandadas por  Soto y Maceda se presentaron en Izúcar, comenzando el ataque por dos flancos, por una parte el teniente Pedro Micheo con una columna se apoderó del cerro del Calvario para atacar desde aquí y por el otro el propio Maceda avanzó directo sobre la plaza mayor (el actual zócalo). Le damos la palabra al relato de don Lucas Alamán, quien en su Historia de México anota lo siguiente:
[…] llegando a la plaza encontraron en las entradas de ésta formados parapetos de piedra defendidos por artillería y fusilería, las casas circunvecinas coronadas de gente, armada de piedras, hondas y flechas. En vano por cinco horas empeñaron el ataque habiendo Soto recibido dos heridas mortales de bala, una en la cabeza y la otra en el vientre, tuvo que dejar el mando al capitán don Mariano Ortiz, quien dispuso la retirada […]
La retirada de los realistas los llevó hasta el cerro de la Galarza, al norte de Izúcar, donde los insurgentes cuando llegó la noche atacaron de nuevo, de tal manera que en medio de la confusión abandonaron algunas piezas de artillería refugiándose en la cumbre del referido cerro; tras varias horas de pelea, en donde hasta el mismo Morelos se dio tiempo de participar, por fin alrededor de las 11 de la noche los insurgentes dejaron de atacar y así los realistas pudieron continuar con su retirada en dirección a la ciudad de Puebla; Soto y Maceda moriría días después por las heridas de la batalla en Izúcar.

Hasta aquí algo del hecho histórico que llevó a la declaratoria, pero en qué consistió la relevancia del acontecimiento, primeramente se debe pensar en lo sucedido en la ciudad de Puebla, al saberse de la derrota, si ya había temor, éste se multiplicó; con Izúcar dominado, el camino hacia la ciudad de los Ángeles se veía libre para Morelos y compañía; además contar con el dominio de Izúcar, un punto vital de las comunicaciones en el suroeste de la entonces intendencia de Puebla y cabecera de una región con alta producción agrícola (el principal productor de azúcar de la intendencia), proveía de ventajas estratégicas al ejercito insurgente. Un último elemento que vale la pena resaltar es el descontento social existente en la región izucarense, donde una población mayoritariamente indígena vivía en constante conflicto con la  pequeña élite española, dueña de las grandes haciendas azucareras; es por esto que el movimiento insurgente tuvo un fuerte eco, como una manera de buscar el cambio a la situación de injusticia social reinante.
Óleo de la pintora izucarense María Guadalupe Cruz, en donde se hace una alegoría de la batalla en que los insurgentes al mando de José María Morelos y Mariano Matamoros derrotaron a los realistas en Izúcar, el 17 de diciembre de 1811; la pintura se localiza en el cubo de la escalera del antiguo palacio municipal de Izúcar.

miércoles, 23 de enero de 2013

Algunas consideraciones históricas sobre la conformación territorial y la toponimia de los barrios de Izúcar de Matamoros, Puebla


Ponencia presentada en la XIX Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, celebrada en la  ciudad de Puebla, en 2010; las memorias en CD se publicaron en 2011.

Introducción
El presente trabajo es una consecuencia indirecta de la investigación que el suscrito se encuentra realizando acerca de la conservación del patrimonio arquitectónico religioso de la región de Izúcar de Matamoros, en el suroeste del estado de Puebla, como parte de un proyecto de tesis de maestría. Es indirecta pues deriva de la investigación documental realizada desde hace aproximadamente unos dos años en el Archivo Parroquial de Izúcar de Matamoros, actividad que se hizo en conjunto con el cronista de Izúcar, señor Manuel Sánchez Cruz y que fue la semilla que llevó a la clasificación del referido repositorio por parte de ADABI de México. La revisión tenía como fin obtener datos acerca de uno de los casos de estudio de la tesis: el antiguo monasterio dominico de la misma Izúcar pero mostró interesantes posibilidades de generar otras líneas de estudio, como es el caso que se trata en esta ponencia; no sobra decir que el trabajo es preliminar, por lo cual se espera a futuro poder seguir trabajando en el tema, con lo cual aportar mayores elementos para  contribuir a conocer y reconocer la historia de esta zona de la entidad poblana.
La ciudad de Izúcar de Matamoros, tiene sus orígenes en el asentamiento prehispánico de Itzocan, el cual al momento de la conquista española era el de mayor jerarquía de la provincia conocida como la Coatlalpan y estaba bajo el control de los aztecas, apareciendo su topónimo en la Matrícula de Tributos, en la lámina de la provincia de Tepeyácac; sin embargo la presencia humana en la región puede rastrearse hasta el Preclásico, cuyo ejemplo representativo lo constituye el sitio de Las Bocas, donde la influencia olmeca es palpable. La región fue evangelizada por los dominicos, quienes construyeron un convento alrededor de 1528, el cual luego fue sustituido por el edifico que actualmente se observa entre 1540 y 1570 aproximadamente. En la actualidad Izúcar es un centro regional de comercio y servicios, aunque el cultivo de la caña de azúcar sigue siendo el principal producto agrícola del municipio y de la región.

Los barrios de Izúcar: tradición, espacio, historia y nombres
Ya anteriormente se han realizado estudios que han permitido conocer distintos aspectos histórico-sociales tanto actuales como coloniales de Izúcar (Karremans, 1983 y 1987; Paredes, 1991; Sánchez, 2004 y Cepeda, 2004); no sobra decir que varias de las consideraciones aquí vertidas  tienen como fundamento estas investigaciones, por lo cual a lo largo del texto se remitirá a lo asentado por dichos autores, contrastándolo con los datos del archivo parroquial y los existentes en un documento antiguo encontrado en la iglesia del pueblo de Tatetla, una comunidad ubicada a unos cuantos kilómetros al norte de Izúcar[1]
Primeramente se debe comentar que la conformación político-administrativa actual de la cabecera municipal reconoce la existencia de 14 barrios, los cuales rodean la parte central de la ciudad y se encuentran divididos por el río Nexapa, que corre en sentido norte-sur, estando siete al oriente y siete al poniente. Como en muchos asentamientos de origen prehispánico, los barrios de Izúcar conservan un nombre en náhuatl, al cual se le agregó el de un santo patrón,  impuesto por los religiosos mendicantes; conviene hacer mención que de manera cotidiana no se usan los dos nombres para designar a los barrios, sino más bien predomina el nombre del santo y se usa el nombre nahua cuando se trata de barrios que están dedicados al mismo patrón, pues en Izúcar hay dos barrios dedicados a San Juan Bautista, dos a la Santa Cruz y dos a Santiago Apóstol.
A pesar del avance de la modernidad, todavía subsiste entre las personas de los barrios un fuerte sentido de pertenencia social, el cual queda de manifiesto en el ciclo ritual- religioso que han mantenido a lo largo de muchos años, cuyo escenario principal la antigua iglesia conventual de Santo Domingo de Guzmán; en este ciclo el elemento que más resalta y que a la vez constituye un factor de unidad y fortalecimiento de los lazos sociales de la gente de los barrios es la Cofradía del Santísimo Sacramento (ver Karremans, 1987 y Gómez, 2003).
De manera tangible la presencia de los barrios en Izúcar no solo es perceptible en el ámbito de la vida religiosa sino también en otros como el económico o el político; en el caso del primer aspecto Karremans ha asentado la intrínseca relación entre el ciclo ritual de los barrios y los derechos derivados del uso de aguas para el cultivo (Karremans, 1987:227-229); en el segundo punto conviene comentar una tradición que desde hace varios años llevan a cabo las personas de los barrios: previo a la ceremonia del Grito de Independencia cada barrio hace un arco conmemorativo con carrizo, madera, papeles de colores y cucharilla; dicho arco se coloca en cada uno de los arcos del palacio municipal, los cuales tienen un letrero con el nombre de cada barrio; en total son 15 arcos pues el central es el que ocupa el presidente municipal; además hay dos arcos a los costados del edificio los cuales ocupan la colonia denominada San Miguel (costado este) y la de El Calvario (costado oeste); no sobra decir que durante el grito los inspectores de cada barrio o colonia ocupan su arco y a la par del munícipe en turno ondean su propia bandera durante la arenga a los héroes nacionales.
Se menciona la tradición anterior porque se considera que esta disposición de  alguna manera es un argumento más para documentar la existencia  de más de 14 barrios como históricamente se ha considerado; es en este sentido que cobra relevancia tanto la información parroquial como la del documento de Tatetla y la tradición oral. En el caso de San Miguel, ya hay evidencias de que en algún momento de la historia fue un barrio pues se sabe que contaba con una capilla, como los demás barrios, la cual quedó muy deteriorada con el movimiento revolucionario y con la construcción de la carretera panamericana en 1933 muchos terrenos del barrio fueron afectados quedando solo paredones de la citada capilla (Sánchez, 2004:113); el mismo cronista Sánchez de Izúcar comenta que él todavía llegó a ver los restos del edificio pero en la actualidad no queda nada pues ya se han construido viviendas modernas donde se ubicaba; si bien ya no hay capilla, todavía en la colonia se venera en una casa particular la imagen del arcángel, la cual acude como todas las imágenes de los patrones de los barrios a la festividad de Santo Domingo en el templo homónimo del centro de Izúcar; en los registros parroquiales se pudieron localizar menciones a dicho barrio, tanto en partidas de bautizo y matrimonio así como un padrón de 1825, pero el dato más relevante fue hallar su nombre prehispánico: Tectepan o Tectipan, el cual se propone que signifique “sobre el pedregal“. En cuanto a lo colonia El Calvario, creemos que heredó el lugar de otro antiguo barrio que también aparece referido en los archivos parroquiales y sobre el cual existe tradición oral que lo menciona, este es el barrio de San Andrés; antes de entrar a comentar lo asentado en los documentos antiguos conviene comentar que la colonia antes citada se ubica en las laderas del cerro de la Cruz, al oeste de Izúcar y en las inmediaciones de la vía del ferrocarril; la iglesia que le da el nombre fue construida en 1820 por el clero secular (Sánchez, 2004:154) aunque el cerro ya se denominaba como El Calvario desde antes pues se tienen registrados hechos de armas durante la lucha insurgente y al parecer en esta zona hubo una hacienda (Sánchez, 2007:180). En cuanto a la tradición oral personas del barrio de La Magdalena, refieren que en algún momento de la colonia ese barrio desapareció pero ellos se llevaron al santo patrón a su iglesia y en efecto hay una pintura de San Andrés en la capilla de la Magdalena, la cual de acuerdo al cronista Sánchez tiene una inscripción en la parte trasera, esperemos a futuro tener oportunidad de poder cerciorarnos de su existencia. 

En cuanto a los registros parroquiales, estos dan luz sobre el barrio de San Andrés, del cual también aparece su nombre prehispánico: Tianquixpan, “el lugar del mercado o del tianguis”; la antigüedad de este barrio se ratifica en el documento de Tatetla, donde aparece enunciado como barrio de los mercaderes o del tianguis; el hecho de que Itzocan haya tenido un barrio de comerciantes, el cual trascendió a la época virreinal, ratifica la importancia económica del asentamiento desde la época prehispánica pues se sabe que era un punto de actividad comercial clave tanto a nivel regional, pues era sede de uno de los dos grandes tianguis de la región así como uno de los dos únicos lugares del imperio azteca donde se comerciaba con esclavos, junto con Azcapotzalco (Paredes, 1991:21); quizá extrapolando demasiado el asunto conviene mencionar que una de las principales vendimias que se realizan en Izúcar es la del 30 de noviembre, día de este apóstol mártir, algo llamativo si se considera que no tiene una iglesia dedicada; además no es casualidad el parecido por el símbolo de la cruz en X con la deidad prehispánica del comercio, Yacatecuhtli.
Pero el archivo parroquial no solo deparó sorpresas en lo concerniente a la identificación de otros barrios para Izúcar, pues también sacó a la luz datos sobres los nombres nahuas de algunos barrios; primeramente se debe mencionar el caso del barrio de la Magdalena, cuyo nombre indígena se consideraba era Xalmihuacan (Sánchez, 2004); esto no es así pues de acuerdo a algunas partidas matrimoniales del archivo parroquial el nombre prehispánico era Ichcatihuacan; este nombre ya lo registra Cepeda en su listado de barrios que obtuvo de un documento del AGN de 1550 pero lo considera otro barrio no identificado y no La Magdalena (Cepeda, 2004:38); hemos detectado por lo menos dos expedientes en el AGN en donde este barrio aparece asociado con Ichcatihuacan; si se buscara una traducción para la palabra, podría ser “lugar que tiene algodón”, es decir se podría pensar que era un barrio dedicado a la siembra de esta fibra o bien a la actividad textil; conviene comentar que la producción de algodón en la antigua Coatlalpan ya ha sido destacada por autores como Armillas (1961) así como por Paredes, para quien la entrega de algodón y textiles al imperio azteca no se hacía vía el centro recaudador de tributo de Tepeaca sino era directa, además de que enumera varias fuentes primarias y secundarias que resaltan la alta producción algodonera de la región izucarense tanto en época prehispánica como virreinal (Paredes, 1991:50-53); para acabar de buscar argumentos a favor de un posible barrio con vocación textil no se puede dejar de lado el hecho  de que la santa patrona, si se considera el hecho de una sustitución de deidades  por parte de los frailes evangelizadores, es perfectamente equiparable con la deidad azteca del tejido y las hilanderas, Tlazoltéotl, “la comedora de inmundicias”, recordemos que María Magdalena fue la pecadora redimida que luego predicó el evangelio.
En el caso del barrio de San Juan Coahuixtla, los datos parroquiales permitieron reconocer que el nombre nahua ha sufrido una deformación que ha cambiado el significado de la palabra, pues en realidad no es Coahuixtla sino Quahuitlan, es decir “el lugar de la lluvia”; no obstante el documento de Tatetla lo enlista como Cuahuitlan, pero por las repeticiones en las partidas sacramentales consideramos que el primero era el nombre original. Tenemos dos casos en donde no queda claro si las referencias corresponden a un mismo barrio con dos nombres o son dos diferentes: Tlatilulco- Mihuacan y Coatlan-Coateco; sobre el primer caso se han podido observar dentro de las mismas páginas la referencia contigua de ambos, lo cual indicaría dos demarcaciones distintas aunque en opinión del cronista Sánchez es el mismo barrio de Mihuacan (Manuel Sánchez, comunicación personal, 2009) y también así lo considera Cepeda en su listado de barrios de Izúcar (Cepeda, 2004:37); el documento de Tatetla no menciona ni a uno ni a otro, no obstante en nuestra opinión el barrio denominado “barrio último de las casas” correspondería a Mihuacan, pues por el número de tributarios sería uno de los más grandes y si se considera el hecho de que dicho barrio es uno de los dos barrios cabeceras, de acuerdo al orden jerárquico derivado de los derechos de agua (Karremans, 1987:228), sería difícil que no apareciera registrado; pero si en efecto Mihuacan y Tlatilulco fueron dos barrios distintos, este ultimo desapareció y a diferencia de los casos de San Andrés y San Miguel no perduró con otro estatus; hay un detalle interesante que podría dar una pista sobre este asunto, resulta que el templo de este barrio es de construcción reciente pues el templo original del barrio era el del actual santuario de Santiaguito del centro de la ciudad, esto debido a que en el año de 1945 el entonces cura de Izúcar Arturo Márquez quitó la administración del templo a la gente del barrio, al parecer por malos manejos, y les edifico otra capilla al centro del mismo (Sánchez, 2004:114); el templo de manufactura virreinal no se ubica en el lado oriente del río Nexapa como habría de esperarse, tomando en cuenta los limites barriales y la dicotomía barrios orientales-occidentales, sino en la ribera contraria  lo cual da pie a pensar en dos posibilidades: una que este barrio fuera un caso único por tener tierras en ambos costados del Nexapa (lo cual rompería el esquema simbólico de la organización de barrios de Izúcar) o que en realidad el templo haya sido no del barrio de Mihuacan sino del de Tlatilulco; es interesante mencionar que las personas que viven por los rumbos de Santiaguito, como se le conoce en Izúcar, no se consideren asociados a los barrios sino más bien al centro de la ciudad y que como menciona el cronista Sánchez se tenga la memoria de un barrio de la espada, pero como distinto al de Mihuacan.

El hecho de contar con un Tlatilulco en Izúcar lleva a considerar, como en otros casos del entonces imperio mexica, que hubo una presencia de los tlatelolcas, la cual al reorganizarse el espacio bajo el nuevo orden español quedó materializada en un barrio; pero la presencia de pueblos ajenos a la Coatlalpan no solo se dio en el caso de Tlatilulco pues hay otros dos casos en Izúcar; uno es el barrio de Huaquechula, donde seguramente residían personas originarias de este antiguo asentamiento de las faldas del Popocatépetl, el cual tuvo una serie de relaciones importantes con el antiguo Itzocan, siendo en algún momento de la época prehispánica una sola entidad político-territorial  (Paredes, 1991:16-17); el otro caso es el del barrio de San Bernardino Mexicapan, “río de Mexicas”, el cual debió haber sido la sede de los mexicas que dominaban la Coatlalpan al momento del contacto y que aparece enlistado en el documento de Tatetla como “Barrio de los Mexicanos”; tanto Huaquechula como Tlatilulco tuvieron como patrón al santo tutelar de los pueblos de donde derivaban, es decir San Martín Caballero  y el apóstol Santiago respectivamente. En el caso de Coatlan y Coateco, no se cuenta con mayores datos que pudieran dilucidar si eran distintos o el mismo, esto último considerando que ambas palabras aluden  a la serpiente en el idioma náhuatl. Por último los registros parroquiales hacen mención de tres barrios más de cuya memoria no ha perdurado nada en la configuración territorial de Izúcar; estos son Sencalco (“en la casa del maíz”), Cuetlachcoac (“lugar de cueros de serpientes“) y Xochiapan (“río de las flores”); en el último caso el nombre cabe comentar que hay una comunidad cercana a Izúcar llamada Xuchapa que podría ser a la que refiere el archivo  pero es poco viable por la distancia, sobre todo si consideramos que comunidades más  cercanas como la misma Tatetla o Matzaco si aparecen en las partidas pero no como barrios sino como pueblos. Ya por último, solo queda mencionar que de los 14 barrios reconocidos actualmente en Izúcar, todos aparecen enlistados en archivo parroquial por lo menos desde el siglo XVII, siendo solo una excepción en cuanto a la asociación santo patrón-nombre indígena, el caso de la Asunción, pues en lo revisado del repositorio parroquial nunca se halló alguna referencia que lo asociara con el nombre nahua que de acuerdo al cronista Sánchez tuvo: Mizquiapan, siempre aparece como sólo La Asunción.

Palabras  finales
Las consideraciones expresadas en los párrafos anteriores no dejan de ser solo un primer esbozo de un tema que puede trabajarse con más profundidad y considerando otros datos tanto del propio archivo parroquial izucarense así como de otros repositorios (de manera especial el Archivo General de la Nación); si bien como se dijo al principio este no era el tema central de interés, si consideramos importante dar a conocer nuevos datos que permitan complementar la visión histórica acerca del antiguo asentamiento de Itzocan, que ya han proporcionada otros investigadores. Esto puede ser un apoyo valioso a la hora de comprender las problemáticas que enfrenta el patrimonio tangible e intangible de la región, sobre todo considerando la importancia de que las tradiciones que aún se continúan puedan verse reflejadas en elementos tangibles, como es el caso de los archivos parroquiales.

Bibliografía
& CEPEDA Cárdenas, Gerardo (2004) El Izúcar indígena, H. Ayuntamiento de Izúcar de Matamoros-Centro Estatal de Desarrollo Municipal, Puebla.
& GÓMEZ Carpinteiro, Francisco (2003) Gente de Azúcar y Agua Modernidad y Posrevolución en el suroeste de Puebla, El Colegio de Michoacán-BUAP, Zamora.
& KARREMANS, Jan A. J. (1987)  “Irrigation and space in a mexican town” en The Leiden Tradition in Structural Anthropology Esays in honour of P. E. de Josselin de Jong, R. de Ridder y J. Karremans (editores), Universidad de Leiden, Leiden, pp. 224-235.
& PAREDES Martínez, Carlos (1991) El impacto de la conquista y colonización española en la antigua Coatlalpan (Izúcar, Puebla) en el primer siglo colonial, Cuadernos de la Casa Chata CIESAS, México.
& Revista Arqueología Mexicana (2003) Edición Especial 14 La Matrícula de Tributos, INAH-Ed. Raíces, México.
& SÁNCHEZ Cruz, Manuel (2004) Izúcar en su historia, Edición del autor, México.
& SÁNCHEZ Cruz, Manuel (2007) Izúcar y sus haciendas, Fideicomiso Ingenio de Atencingo 80326, México.



[1] Este documento de 1568 trata acerca de la disputa de Tatetla con Izúcar en torno a que la primera se negaba a continuar dando servicio a la segunda e incluye un listado de los sujetos al antiguo Itzocan junto con el numero de tributarios; una copia del mismo fue facilitada por el cronista Sánchez a la Sección de Historia del Centro INAH Puebla, en donde se  paleografió.